El demente menguante

OPINIÓN

Carlos Puigdemont, en algunos ambientes conocido, con cierto acierto, como Puigdemente, ha entrado en un proceso de subdesarrollo, de empequeñecimiento. Estaríamos, pues, ante un caso clínico de mengua: Puigdemont, o Puigdemente, el Menguante.

Este desinflado se está visualizando en los últimos días al no conseguir el prófugo su acta de eurodiputado, revelando que su estrategia para regresar a su Cataluña por vía la de la inmunidad fue un error grueso, que no debe sorprender sin embargo, porque quien suma al ansia de retornar a la tierra santa, que hace suya por designio del abad de Montserrat, una manifiesta y reiterada collonería, es un hazmerreír.

El Parlamento, la Comisión y el Tribunal Europeos han desvestido a este tramoyista infundioso, y la desnudez de las miserias está abochornando a separatistas de distintas familias, incluidos los más sensibles de entre los suyos, caso de Arturo Mas, que es ya un penitente por designarlo su sucesor en la Generalidad. Recuérdese: miedoso ante las masas neonazis que le exigían declarar la república; cagón que escapó por los Pirineos bajo las faldas de su esposa y rajado en la orilla alemana del puente que debía cruzar hacia Francia, como había prometido a sus cebados monaguillos, el pasado día 2, el día de Estrasburgo.

No obstante, Puigdemont sigue teniendo a su doble, en la versión mister Hyde, al frente del Gobierno; o sea, a Joaquín Torra, un individuo siniestro. Aunque, en verdad, reducirlo a siniestro es como condenar a seis años de cárcel a un asesino en serie. Torra es odio puro, yihadismo límite, sangre fácil (hermanos Coen), hombre del saco que ampara, alaba, exige y premia a los maestros que maltratan a sus alumnos en las escuelas de reeducación nacionalsocialista si no abjuran de su condición de niños españoles. Y, entretanto, Pedro Sánchez, agraciado con el don de Narciso y el don del Padrino (Ford Coppola), besándose en los labios a lo Breznev-Honecker con Rufián, Otegui, Urkullu, Oltra y, de serle útil para conservar esos dones, alternará ternuras con Dios y Belcebú. O, la otra alternativa: pacto fáuistico con el Mefistófeles de Goethe.