El tren de la crisis


En Asturias tenemos tren desde hace más de 150 años. Es un medio de transporte esencial para las personas que no nos movemos en vehículo privado. El vehículo privado no lo pueden conducir menores de edad, muchas personas mayores, personas con algún tipo de discapacidad que las inhabilite para conducir,  ni tampoco muchas mujeres que por precariedad laboral no pueden acceder a pagárselo. Además, aún existe un mayor número de hombres con permiso de conducir que mujeres.

En Asturias tenemos una red de ferrocarril que para sí quisieran otras zonas del país. Las antiguas líneas de Renfe y Feve cruzan la zona central de norte a sur, toda la costa desde Galicia hasta Cantabria y por el interior llegan a Grao, Laviana, Collanzo e Infiesto. Un auténtico lujo.

Sin embargo, en los últimos 20 años el servicio en estas líneas ha ido deteriorándose, siendo ahora un medio de transporte residual en muchas de ellas.

La realidad es que a pesar de la historia y de la red ferroviaria que tenemos, ir en tren es una opción de segunda. En una sociedad envejecida y con una importante parte de la población precarizada es imprescindible revertir esta situación.

Por otro lado, la deuda del estado español, que es del 100 % del PIB, la deuda del gobierno de Asturias que es de 4.000 millones de euros y la recesión que llegará el próximo año o a más tardar en 2021, nos obliga a planificar muy bien lo que queremos hacer, porque no habrá dinero para todo. A esto hay que añadir el escenario de la privatización de los servicios ferroviarios que se producirá próximamente. 

No podemos permitirnos fallar, la sociedad asturiana debe preocuparse del tren y planificar  en qué va a invertir en los próximos años, porque eso afectará a nuestro futuro a largo plazo.

Hace 10 años se comenzaron las obras de soterramiento de las vías de FEVE en Langreo. Se presupuestaron en 50 millones de euros. Llevan gastados más de 100 millones y no se ve aún el final. Langreo sigue cruzado por las vías de RENFE y FEVE, sin que haya coordinación real entre los servicios de ambas, y la línea de FEVE que va a Laviana ha sufrido tantos problemas que ya casi no va nadie en ella. 

Hace 17 años se comenzó a planificar el mal llamado "plan de vías" de Gijón, que ahora junto a la falacia del metrotren se ha convertido en una promesa de todos los partidos. Sin que realmente exista un proyecto sobre la mesa se habla de invertir 860 millones de euros en algo que no se sabe para qué va a servir, pues ni siquiera se piensa ya en soterrar las vías. Mientras tanto en estos años, la estación "provisional" no ha hecho otra cosa que perder viajeros.

En Campomanes hace 14 años se comenzaron a sufrir los problemas de las obras de la Variante de Pajares. Hoy ni las obras están terminadas, ni los problemas causados al vecindario de Campomanes reparados satisfactoriamente. Mientras tanto, periódicamente, algunos políticos sacan a pasear de nuevo el unicornio del AVE a Gijón, con costes de muchos cientos de millones de euros.

No podemos seguir por este camino. Hay que olvidarse de los megaproyectos y de las palabras grandilocuentes como "AVE".

Los recursos son escasos y las necesidades muchas. No es el momento de invertir en sueños inútiles, sino de optimizar esas inversiones. El soterramiento de Langreo habrá que acabarlo porque ya está empezado, pero olvidemonos de la megalomanía en el plan de vías de Gijón y olvidemonos del AVE en el interior de Asturias. Con tener AVE en Pola de Lena es suficiente. 

Buenos servicios, frecuentes y baratos es lo que necesitamos. 

No hay que pasar la historia proyectando obras, hay que trabajar para conseguir que el ferrocarril sea en muy poco tiempo un factor diferencial en Asturias. Para eso es mucho más importante el servicio de cercanías que los soterramientos y las obronas tipo AVE. El nuevo presidente de Asturias debe ser valiente y asumir  la realidad económica, y desde esa realidad realizar una planificación racional de las obras del ferrocarril en Asturias.

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