Han fracasado. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Tendrían que irse. Dar paso a otros líderes en sus partidos. Dimitirían si tuviesen decencia. Pero no lo harán. Este clase política no tiene clase. La nueva política es tan incapaz como la vieja. Gigantescos egos que solo provocan un agotador eco. No nos queda otra que reflexionar muy en serio. No nos queda otra que buscar una fórmula dentro del sistema que alivie el hartazgo de incompetencia que sufrimos. Precisamos cuidados paliativos para nuestras dañadas inteligencias. Han menospreciado durante 142 días a los electores, a los que se debían. Menos mal que la campaña será de una semana. La pereza que sentimos muchos con solo oír la voz de cualquiera de los cuatro que nos han arrastrado a otros comicios es paralizante. No tienen sentido de la responsabilidad. Con señales de recesión económica mantienen los cuatro este parón sin sentido. Este Gobierno en (de)funciones. Han fallado los cuatro machos alfa. Nos empujan de forma descarada a reflexionar, a recurrir a un sabio que no es sospechoso de ser reaccionario. Recuperar una lectura: Ensayo sobre la lucidez, del Nobel José Saramago. Y pasando sus páginas proféticas, escritas hace años, optar por el voto en blanco, no la abstención que llevaría a equívocos, que nos podría ubicar fuera del sistema. La democracia no es el problema. El conflicto son los cuatro tahúres. La política es el arte de la negociación. Lo hemos estudiado desde niños. Pero Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias viven fuera de la realidad. Solo se escuchan a sí mismos y a los aplaudidores. Son monarcas del solipsismo. Encantados de conocerse, asombrados de (ad)mirarse en el espejo, hartos de gustarse: nos han abandonado. Su absoluta falta de talento político amenaza nuestro futuro. Da igual el reparto de las culpas. Como dijo Lola Flores, si me queréis, irse. Saramago propuso en esa novela un inmenso voto en blanco como castigo a una clase política en manos de los poderes económicos: «El desconcierto, la estupefacción, pero también la burla y el sarcasmo, barrieron el país de una punta a la otra» cuando se conocieron los resultados. En nuestra situación, no es solo un caso de subordinación económica de la política, es sobre todo la consecuencia de poner los intereses personales por delante de los de la nación. Ese voto en blanco, esa bandera blanca, esa camisa blanca de la esperanza, les recorrería también a ellos el cuerpo. Pero aún están a tiempo de evitarlo, si no fuesen los partidos monolitos que adoran a un único dios: el candidato a presidente. Que se vayan, que se borren, los que no hicieron su trabajo. Y que entre en cada partido alguien con el mismo espíritu de trabajo que cualquier español que va a su puesto a pedalear y sudar cada hora, a cumplir. Cumplir: qué gran verbo.

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A votar en blanco