Rivera quiere ser de la banda


Pues ahora Rivera quiere formar parte de la banda de Sánchez; sí, con el mismo que, según denunció con su habitual histrionismo, tenía un plan con los independentistas y los bilduetarras para liquidar España. Tras bramar contra el sanchismo, la quintaesencia de todos los males, levanta el cordón sanitario que impuso al líder socialista y se muestra dispuesto a investirlo. Rivera tuvo la oportunidad histórica de pactar con los socialistas, con los que sumaba mayoría absoluta, y dejar así fuera de juego a los secesionistas y los nacionalistas, que supuestamente es para lo que nació Ciudadanos. Pero lo desechó y cometió un error que le perseguirá siempre. Creyó que su sueño de liderar la derecha como única posibilidad de llegar a la Moncloa podía hacerse realidad y en el camino despojó a Ciudadanos de la impronta de partido de centro liberal. Dio oxígeno al PP cediéndole plazas tan importantes como el ayuntamiento y la comunidad de Madrid, asumiendo el coste de pactar con la ultraderecha. Una gestión nefasta de sus resultados electorales. Un auténtico suicidio político. La hecatombe de la formación naranja que pronostican las encuestas es de tal calibre que ha decidido dar un vuelco total a su discurso en una maniobra a la desesperada. Habrá pensado que es preferible hacer el ridículo ahora, cuando aún queda más de un mes para el 10-N, e intentar que este nuevo volantazo al centro se lo crean los votantes que se le están yendo en masa. Rivera ha demostrado que la nueva política es un bluf y él un oportunista que cambia de principios como de chaqueta y actúa al son de las encuestas. Si esta enmienda a la totalidad a sí mismo la hubiera hecho antes nos habríamos ahorrado ir de nuevo a las urnas.

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