Palabras, tribus, razas

OPINIÓN

24 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Los significantes «book», inglés, y «Buch», alemán, con el significado en castellano de «libro», vendrían en origen de «tablilla», en tanto que tablilla para escribir, una tablilla de madera de haya. Para la Arqueología Lingüística, estos términos derivan del indoeuropeo a través de «bhagos», que en latín da «fagus» y en celta galo «bagos». Con «oso», el escorzo etimológico sería otro: para los indoeuropeos históricos, entre los milenios V y III BP, y por probable herencia de las tribus indoeuropeas prehistóricas, el oso era un animal totémico porque era temido, hasta el punto de que no lo nombraban, al igual que los judíos no pronuncian el nombre de su dios, al que aluden mediante la perífrasi «el que es» (Yahvé). Así, el oso era conocido como «el comedor de miel», y el «bear», inglés, y el «Bar», alemán, proceden del adjetivo indoeuropeo «bheros»: «pardo».

En general, un amplísimo vocabulario indoeuropeo está en la raíz de la mayoría de las lenguas de Occidente (heleno, itálicas, celtas, germanas, bálticas, eslavas, armenio, albanés) y en Oriente (tocario, anatolio, iranio, índico, aquí con el sánscrito como el sustrato más antiguo). A partir de los ensayos de Francisco Villar, «Los indoeuropeos y los orígenes de Europa»; Marija Gimbutas, «Diosas y dioses de la Vieja Europa» (7000-3500 a.C.); Francisco Rodríguez Adrados, «Historia de las lenguas de Europa»; Colin Renfrew, «Arqueología y lenguaje. La cuestión de los orígenes indoeuropeos», y el «Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española», de Edward A. Roberts, se dibuja el contorno de la historia de un conjunto de tribus que, hace unos 9.000 años, pudieron asentarse en la orilla norte del mar Caspio, o en Asia para Renfrew, con unos patrones culturales muy marcados (lengua, creencias, organización social, economía), y unos dos mil años después iniciaron una serie de desplazamientos, unos a pequeña escalada y otros en oleadas, hacia el este (mar de Aral, Anatolia, Irán y India) y el oeste (el Cáucaso, el mar Negro, las estepas del sur de Rusia, el Danubio, los Balcanes y Europa central). Hacia el 3000 BP aparecieron en el norte de Grecia y, unos mil años más tarde, los primeros aqueos hicieron su aparición para, con jonios y dorios, colocar el pilar sobre el que se fue levantando la cumbre de la que hoy conocemos como Cultura Occidental, ya en declive, de vuelta a la caverna de la mediocridad y la criminalidad: totalitarismos, populismos, nacionalismos racistas.

Esta malignidad fue exponencial en la primera mitad del pasado siglo con el fascismo y sus derivados nazis o franquistas, por un extremo, y, por el otro, con la aplicación de los postulados marxistas, nos aparecen el leninismo, estalinismo, maoísmo. Pero lo que se debe resaltar en el contexto que estamos manejando, por su falaz apoyatura en los pueblos indoeuropeos, es la deriva nacionalsocialista, en tanto en cuanto selló con hierro al rojo vivo el ideal de raza superior a una escala inédita (Hitler). Y es este el ideal que, en España, se está imponiendo, partiendo de los mismos presupuestos, porque, ¿qué son los nacionalismos vasco y catalán del siglo XIX, renacido ahora con virulencia, y los nacionalismos balear y valenciano más recientes?