Cayetana y Bardem, tal para cual

Chema Moya | Europa Press Efe

Son dos campeones del mundo del estropicio. Reyes del pensamiento débil y facilón. Buscan epatar. Impactar al rival por encima de todo. Asumen la política como una manera de llamar la atención. Les gusta el barro. El conflicto. Liarla. Están en los tiempos perfectos. Ni siquiera hablan para sus fieles. Lo hacen parar dañar a sus rivales. Les encanta atacar. Cayetana, desde la derecha, es feliz chapoteando en todos los charcos. Mete la pata con la violencia machista y sigue. Ahora dice que la España de ETA en la que morían personas era mejor que la de hoy. Le riñen hasta las víctimas del terrorismo, pero no le importa. Ya tiene sus segundos de gloria. Igual que Bardem por la izquierda. Otro experto en cavar trincheras. Insulta al presidente de Estados Unidos y al alcalde de Madrid en la misma frase. Y le da igual equivocarse. Estar mal informado. El alcalde de Madrid ha cambiado su política anti polución. Polución contra la razón es la de estos dos, Cayetana y Bardem. Desinformados natos. Que saltan de polémica en polémica. Contradictorios. Bardem habla en la cumbre del clima y hace vida de multimillonario contaminante sin cortarse. Vale todo. Nos discursea desde una presunta superioridad moral que algún día tendrá que explicar. ¿Por qué se cree mejor que cualquiera? Cada vez queda menos sitio para el centro del sentido común en este país. Lo están estrangulando extremistas como estos, yonquis de los titulares. Ruidosos. No saben dudar, con sus verdades zancudas. Como escribió Henry David Thoreau desde el silencio del bosque: «Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios». Estos dos no lo harán nunca.

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