Optimismo y riesgo


La verdad, con tanta convulsión en lo político, en lo económico, no hay claridad sobre qué grado de optimismo y de riesgo desafía la normalidad de nuestra vida cotidiana. Así, entre otros discursos, Christine Lagarde, como presidenta del Banco Central Europeo, plantea que la incertidumbre que está marcando la economía global, y esa guerra de tarifas o aranceles entre Estados Unidos y China, puede ser una oportunidad para construir un mercado interno más fuerte. Tanto en Europa como en sus estados miembros.

Claro, un mercado interno más fuerte y rico traería consigo un aumento de la inversión procedente del sector privado, y mayor inversión pública (si es bien gestionada y sin corrupción). Sin embargo y en consecuencia, el riesgo vendría del escenario político de los gobiernos. Gobiernos formados alrededor de un partido vencedor pero sin una mayoría clara y sin una estabilidad asegurada. Como es el caso no solo de España, sino también de, por ejemplo, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Holanda, etcétera.

Y a este riesgo se le suma otro. El de dos grandes socios comerciales y en lucha por la colonización de una Europa irresistible. La insaciable China y Estados Unidos, que cada vez es más hostil y menos fiable, y especialmente lo será si Trump (América primero) es reelegido en las próximas elecciones. Y, en medio, nosotros con la vulnerabilidad de la fragmentación. Los gobiernos de Europa políticamente fragmentados. Y el nuevo Parlamento en nuestro país aún más fragmentado tras cinco fracasos electorales. Con la incertidumbre de un Gobierno que tendrá que explorar «lo progresista» que podrá ser en sus políticas y en su durabilidad.

Para ello, la gobernabilidad, sea la que sea, progresista o no, podrá sumar la experiencia o el hacer del PSOE y las convicciones de Unidas Podemos. Pero ahora, más debilitadas, frente a la disponibilidad del resto de los partidos, para conseguir estabilidad y, al mismo tiempo, políticas que nos lleguen a los ciudadanos de a pie con optimismo. Entre ellas, la aprobación de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado, bloqueados desde hace casi más de un año.

Si esta puesta en escena saliese adelante, van a ser los Presupuestos de uno de los pocos Ejecutivos de izquierda que gobiernan en Europa. Gobernando con un punto de fricción en medio: el radicalismo separatista catalán imponiendo una independencia unilateral. Este radicalismo y el tiempo perdido tras cinco fracasos electorales nos están dejando en tierra y sin coger ningún tren o reforma para ir gestionando, cuanto antes mejor, la situación económica en España. Y en esta situación, está claro que para partidos tales como ERC y peor aún, JxC y la CUP, democráticamente «España no es primero». De modo que optimismo sí que podemos tener, el de recuperar el tiempo perdido frente a la desaceleración económica y la dejadez política. Pero nos arriesgamos en la manera o en la gobernabilidad en que lo hagamos.

Comentarios

Optimismo y riesgo