Otro atentado en Somalia


Son tantos los frentes periodísticos abiertos ahora mismo que resulta muy complicado mantenerse al día. De hecho estamos saturados de información porque las noticias se suceden a una rapidez vertiginosa y lo que hasta hace un minuto era trending topic se vuelve obsoleto en cuestión de segundos.

Por todo lo explicado, lo que ocurre más allá de nuestras fronteras cada vez nos interesa menos, sobre todo, si es fuera de la Unión Europea. Sin embargo, las guerras, la miseria, la injusticia, el hambre y las enfermedades continúan e incluso aumentan y sus consecuencias las vemos todos los días a bordo de pateras llenas a rebosar de personas que no tienen nada que perder y sí mucho que ganar. Tomemos por ejemplo a Somalia. Este país en el extremo suroriental del continente africano, en el llamado Cuerno de África, es uno de los muchos estados fallidos de finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Desde el golpe de Estado que derrocó al dictador Barre en 1991 apenas si se mantiene unido frente a la rivalidad entre clanes, la miseria y la hambruna. Su gobierno se sostiene gracias al apoyo de las Naciones Unidas pero a duras penas retiene el control sobre la capital Mogadiscio y sus alrededores ya que grupos terroristas como Al Qaeda y al Shabab campan a sus anchas por casi todo el sur del país mientras los piratas dominan el mar.

De hecho son tan habituales los atentados que solamente los más terribles como el de octubre de 2017 que mató a 587 personas saltan a las portadas de las noticias.

Por eso, aunque en Nochebuena un asalto a un cuartel militar ocasionó la muerte de 3 soldados, ha sido necesario el estallido de una furgoneta bomba en una concurrida intersección de Mogadiscio con 76 muertos y más de 70 heridos para que recordemos que acabaremos, otra vez, el año con este y otros grandes fracasos en la lista de deberes para la paz mundial.

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