«Si me permites, Pablo...»

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Como el abrazo ya estaba muy visto, del lenguaje no verbal de la presentación en plasma rajoyano de Pedro y Pablo nos quedamos con los rostros. El primero tenía la cara tensa, como si alguien le hubiera acabado de echar una bronca cinco minutos antes. El gesto del segundo habría valido para ilustrar la primera página del periódico de hace una semana, frente a una administración de loterías con el décimo en la mano: a Pablo le ha tocado el Gordo. También resultó elocuente que quien tuvo la encomienda de explicarle a los españoles la magnitud del acuerdo fuera Iglesias. Cuando Sánchez tomó la palabra, el líder de Podemos ya había explicado que el nuevo gobierno acabará con una década ominosa y pasará a la historia, no ya de la política española, sino europea y mundial.

Pablo dominó la escena y quizás por eso a Pedro, en el rol de segundón, se le escapó una frase que, esa sí, quizás pase a la historia y marque toda la legislatura. Cuando se disponía a explicar el acuerdo se giró a su socio y le dijo: «Si me permites, Pablo...»

Contra lo que se está diciendo, este no es el primer ejecutivo de coalición desde la República. Al contrario, hemos visto demasiadas veces lo que ocurre en los ayuntamientos, las diputaciones o sin ir más lejos en la Xunta cuando la izquierda gobierno en coalición: agendas paralelos, zancadillas, concursos de méritos, precampaña electoral constante… La escenografía diseñada por los fontaneros de ambos partidos y el almíbar de los agradecimientos iba encaminada a combatir esa imagen. Habrá que verlos gobernando.

La tarea es ingente porque ningún ejecutivo hasta ahora nace con tantas ataduras y con tantos enemigos. Y además porque han puesto el listón muy alto. Evitando alguno de los asuntos más radicales, el programa de gobierno es casi el programa de Podemos. Es decir, un país de color de rosa en el que en cuatro años se acabarán con todos los problemas del mundo. Quién va a pagar la fiesta, cómo se va a garantizar la ortodoxia que desde la crisis exige Bruselas… De nuevo, la receta es la de Podemos: que paguen Amancio y el resto de ricos.

Ahora solo falta a que los de ERC no les pongan los suyos las peras al cuarto, sean capaces de aguantar la presión del mundo indepe y no se echen atrás. Todo es posible en la política catalana, aunque la prueba del nueve debiera ser que el PNV se ha tirado a la piscina. Y es sabido desde el pleistoceno que el PNV no se tira a la piscina si no hay agua.

De modo que no parece descabellado pensar que lo que veremos en los próximos años será un presidente del Gobierno y un vicepresidente compitiendo entre sí. Y escucharemos demasiadas veces, aunque sea de forma simbólica, la frase que marca el inicio de la legislatura. Si me permites, Pablo… Si me permites Oriol… Si me permites Andoni…

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