Lo peor de lo peor, aún no ha llegado


El presidente del Gobierno representa lo peor de este país. No obstante, lo peor tiene un radio de circunferencia largo que no ha sido recorrido totalmente. Lo peor de lo peor, pues, está por llegar.

Autócrata, falso, vanidoso, exterminador, Pedro Sánchez está desguazando el Estado segando sus principios democráticos y socavando los derechos de los ciudadanos en función de la comunidad en la que viven.

Cualquier argucia política y jurídica que él y los suyos hallen para despejar de obstáculos el camino de los nacionalismos populistas, se utiliza sin dilación. La próxima argucia será su reunión el próximo 6 de febrero con Joaquín Torra.

El encuentro tendrá lugar en Barcelona, insólito si no fuese porque Sánchez considera que Torra, materialmente, es presidente de una nación, Cataluña, aunque siga vomitando que se «trata de dialogar» para resolver un «problema político», que es un birlibirloque.

Anterior es, sin embargo, la dejación de hacer cumplir el mandato de la Junta Electoral Central, respaldado por el Tribunal Supremo, que le autorizaba a ordenar a los Mozos el desalojo de Torra del edificio de la Generalidad. Dado que se consiente con descaro desafueros de menor y mayor calado, es entendible que se permita a Torra seguir en su puesto, que dejará en marzo o abril porque así lo ha dictado él (Franco murió en la cama).

En el proceso de consumo de milímetros del radio de la circunferencia, este Gobierno autócrata y calamitoso (Sánchez, Calvo, Iglesias, Marlaska, Ábalos…) ha dado el salto al exterior, para sonrojo y malestar de la Unión Europea. Se empezó con la Bolivia post Evo Morales y la detención de los policías españoles que iban a entrar en la embajada de México en La Paz.

Hemos de conferir a esta operación, propia de infames naciones (EE.UU., Rusia, China…), el adjetivo oneroso, con vínculos probables con la financiación de Podemos por las dictaduras falsamente marxistas latinoamericanas.

Pero con todo, la presencia días atrás en España de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, rebasa el calificativo de oneroso. El Gobierno sabía que la mano derecha del patibulario Nicolás Maduro iba a partir de Caracas rumbo a Madrid. Por el Acuerdo Schengen, Pedro Sánchez debió de comunicar a las autoridades venezolanas que el Falcon no podía sobrevolar el espacio Schengen, porque Rodríguez y otros veintitantos villanos de ese régimen lo tienen vetado.

No lo hizo y fue más allá. Permitió que el aparato aterrizase en Barajas y que Delcy Rodríguez pisase suelo español (sí, lo pisó). El papel desempeñado en el aeropuerto por José Luis Ábalos fue bochornoso, blasfemo. De dimisión. La suya, y la de Marlaska, y la de Sánchez.

Antes de pactar con Pablo Iglesias, el presidente no podía dormir tranquilo pensando en tenerlo sentado a su lado en la mesa del Consejo de Ministros. Hoy no solo no le quita el sueño esa compañía sino que ha invitado a su lecho a Maduro, por mediación del que voló de la Puerta del Sol a Galapagar.

Igual que con el podemista, no hace tanto que Pedro Sánchez había despotricado contra el régimen chavista. Hoy, lo negro es blanco, hasta el punto de que Juan Guaidó, líder de la oposición de Venezuela, fue vetado en La Moncloa. Los presidentes y cancilleres de los países europeos que visitó Guaidó le recibieron con los honores propios de un Jefe de Estado. 

Este Gobierno está formado por necios conjurados (La conjura de los necios, John Kennedy Toole), conjurados contra la decencia, la solidaridad, la libertad, la democracia. Pero aún quedan algunos centímetros de radio para que lo peor sea peor.

Comentarios

Lo peor de lo peor, aún no ha llegado