La plaga vasca y su mito de origen

OPINIÓN

18 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

I. La plaga

Se habla mucho del madrileño que, desde hace más dos semanas, ha venido a Asturias a pasar estas forzosas vacaciones, alejándose de paso de la región que, de lejos, más infectados registra. No se habla tanto del vasco que, no obstante, ha colonizado Cantabria y, cruzando el Deva, se ha extendido hasta el Sella, principalmente por la costa, y con Llanes como imán de imanes.

Al igual que Torra, Urkullu está enfurecido porque el Gobierno de España se haya hecho con el control de su nación (y de su policía-ejército) con el «pretexto del coronavirus». Desde las coordenadas mentales de ambos, en clave de sangre y raza incontaminadas, se comprende el malestar de estos déspotas (Torra no aplica el Estado de Alarma), aunque llama la atención el hecho de que Urkullu no pidiese a sus compatriotas que no abandonasen su patria, donde el virus está bastante extendido, para no extenderlo a su vez por Cantabria y Asturias.

En todo caso, estos vascos colonizadores son una plaga. El vasco nacionalista tipo, ya sea votante del PNV, ya de Bildu, rezuma impertinencia. Ensoberbecido, es un pedante, un tosco pedante que se hace notar allá donde vaya con sus vozarrones y su vocabulario en euskera (limitadísimo porque desconoce el idioma) para mostrar sus orígenes exclusivos. Un pueblo exclusivo es la hostia, palabreja que forma parte de su identidad. Y sobre esta exclusividad, cabalga con pedantería, ridículo él.