Autogol de Casado y giro de Arrimadas


Si la política cotizara en las casas de apuestas nadie se haría rico apostando a que el Gobierno no come el turrón. Las discrepancias entre el PSOE y Podemos no van a ir a menos. Al contrario, lo que viene después de la pandemia, con o sin rebrotes, es una plaga bíblica de ERTES, ERES, quiebras y colas del hambre. Insoportable para un gobierno bicéfalo que a mediados de enero, cuando probablemente el virus ya campaba entre nosotros, anunció unos presupuestos para un país de vacas gordas, lejos de la calamidad económica actual.

Pero si el Gobierno no come el turrón no será por los méritos de los rivales políticos. Que no había oposición era conocido. Pero esta semana se ha oficializado. Uno de los grandes misterios de todo este lío es saber a quién se le ocurrió la diabólica fórmula de los catorce días. El pasado sábado, Macron extendió el estado de emergencia de Francia hasta finales de julio. En Reino Unido, Boris ha logrado que la Cámara de los Comunes le dé un salvoconducto para hacer lo que le dé la gana los próximos dos años. En cambio Sánchez ha apostado por la fórmula de los catorce días, que obliga a la oposición a retratarse cada dos semanas. Una ratonera de la que Pablo Casado no consigue salir.

Hasta esta semana, el líder del PP tenía que fotografiarse hablando con una oveja o hasta consigo mismo frente a un espejo para encontrar su espacio en los medios. Eran sus barones, liderados por Feijoo, quienes le daban réplica a Sánchez. A veces esa réplica era grotesca. Parece que fue hace un siglo, pero fue hace una semana cuando vimos a Ayuso subida a una furgoneta, repartiendo bocadillos en la fiesta que organizó para cerrar el hospital de Ifema. El sainete de estos dos últimos días hace que parezca lejano en el tiempo, pero fue el inicio de la semana horribilis del PP.

Quizás espoleado por el show de Ayuso, Casado cogió el lunes el toro por los cuernos y le echó un pulso a Sánchez, lo que le permitió volver al centro del escenario político. Solo hay una cosa más dolorosa que recibir un gol: que ese gol sea en propia puerta. A la hora de la verdad, resultó que Casado no tenía fuerzas para ganar el pulso. Al contrario, alargó la agonía hasta el mismo debate del miércoles y convirtió, por primera vez en democracia y salvando las mayorías absolutas, al primer partido de la oposición en una fuerza irrelevante. El hueco dejado lo ocupó Arrimadas, que va a intentar por todos los modos evitar que Ciudadanos acabe como el CDS de Suárez o la UPyD de Rosa Díez. Y por todos los modos es por todos los modos. Girando según sople el viento, dejando en el baúl de los recuerdos los principios que la llevaron a ganar la últimas elecciones catalanas.

Tampoco la oposición de Abascal le quita el sueño a Sánchez. El líder de VOX aún no se ha quitado de encima el complejo de fuerza extraparlamentaria. Su aportación semanal fue arremeter contra Casado, amenazar con una moción de censura y anunciar caravanas de coches para protestar contra Sánchez.

El gobierno bicéfalo lo tiene feo. Pero con esta oposición, hay que empezar a pensar en apostar por que comen el turrón.

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