Primero disparan y después preguntan


Perdón por insistir con las profecías, pero esto no va a mejorar. Cuando la secretaria de Estado para el Deporte le vuelva a escribir un libro a Pedro Sánchez, en este caso las memorias que todos deberemos leer, porque en ellas se incluirán todos los secretos que ahora ansiamos conocer, deberían desvelarse dos misterios inexplicables.

El primero es por qué este Gobierno primero dispara y después pregunta. A Merkel, cuya gestión de la crisis solo se podrá juzgar cuando algún día sepamos la diferencia real entre los muertos esperables y los que de verdad fallecieron en este período oscuro, se le acusa de tomar las decisiones demasiado tarde. En Alemania, más aún que aquí, el poder de la gestión diaria está transferida a los landers. Y Merkel no anuncia nada sin haberlo pactado antes con todos sus gobiernos regionales. La técnica de Iván Redondo y su jefe es la contraria: primero el globo sonda, en ocasiones el disparate, y luego la negociación con los conselleiros autonómicos, el párrafo escondido en el BOE... Tendrá que esmerarse Irene Lozano para explicarlo.

El segundo misterio sin resolver es por qué Sánchez ha decidido regalarle el monopolio de la izquierda a Podemos. No es solo que le hayan asignado, y menos mal, el papel de halcón a Nadia Calviño. Es que cualquier medida con el más mínimo sentido social está siendo patrimonializada por Podemos, y al PSOE se le ha reservado el papel de señor de negro conservador, portavoz de los empresarios y castrador de los anhelos libertarios de Iglesias y los suyos. En 1996, el ya fallecido Txiki Benegas inauguró la moda de hacer vídeos ofensivos contra un rival político, comparando a Aznar, Cascos y compañía con una jauría de doberman. Viendo lo que acaban de hacer con la Guardia Civil, el PP de entonces se queda en un caniche. Marlaksa, Redondo y Sánchez disparan. Echenique es el abuelo de Heidi.

Sánchez se declaró incapaz de conciliar el sueño con Podemos en su Gobierno, pero ahora hemos comprobado que las lágrimas de Iglesias y Montero cuando la mayoría Frankenstein salió adelante no eran por llegar a la estación Términi, lo hemos conseguido, los de abajo, a xente do común, ya estamos aquí. No. Esas lágrimas inauguraban una época. De aquí no nos saca ni la Guardia Civil, como si hay que cargarse al coronel. De manera que, lo que ahora está haciendo Iglesias, estirando la cuerda con sus compañeros de Gobierno, haciendo manitas con Bildu y ERC, no es más que un nuevo cálculo político. El objetivo es que la cuerda rompa. Amigos, lo intentamos, pero con esta gente no hay nada que hacer.

Las medidas que va a tener que tomar el Gobierno en los próximos años serán insoportables para Podemos. Los halcones europeos —una alianza supremacista conformada por Austria, Holanda y los nórdicos— no van a consentir que Francia y Alemania nos den ni un vaso de agua sin exigir duros sacrificios. Y ese es el escenario que está preparando Iglesias, porque sabe que el cochazo oficial y el casoplón son muy golosos, pero la carrera es una prueba de fondo. Y si no capitaliza él el descontento, lo hará VOX, como ya ha hecho Le Pen con los chalecos amarillos.

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