Una Calviño de armas tomar


Nadia Calviño ya es candidata a presidir el Eurogrupo. A la hora de escribir esta crónica nadie más había presentado su candidatura. Pero, aunque se presente en el último minuto, la señora Calviño sigue siendo la favorita. Tendremos, por tanto, a una española de coordinadora de los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro. Será la gran responsable de la política presupuestaria común y de la estabilidad financiera, entre otras funciones más teóricas. Y para nuestro país, un símbolo: nadie puede esperar que el Gobierno al que seguirá perteneciendo haga una política contraria a la que regirá para los demás gobiernos del Eurogrupo. Sorprende, por ello, el apoyo de Unidas Podemos, pero en este caso se impuso la disciplina del Ejecutivo. No tendría sentido que un gabinete se dividiera por un candidato o candidata que presenta oficialmente.

Resulta tentador, por ello, anotar cómo el partido del señor Iglesias, que venía a luchar contra los poderosos de todo signo y desprendía un cierto aroma antisistema, según definición del presidente del PNV, Andoni Ortúzar, se está amoldando a las exigencias no escritas del sistema. Es un cambio lento, casi imperceptible, con algunos sobresaltos en el camino, pero Unidas Podemos tiene gestos y concesiones que no podíamos sospechar hace unos meses. Es gran verdad que el poder modera y la necesidad de conservar el poder obliga a respetar las reglas del juego antes de intentar cambiarlas.

Algún mérito debe tener Pedro Sánchez en el viraje de este trasatlántico, pero el gran mérito es, sobre todo, de Nadia Calviño, una mujer físicamente menuda, de rostro y gesto amable, pero de gran autoridad. Por citar los casos más notorios de su decidida intervención, ella fue la que deshizo el pacto con Bildu cuando ya estaba firmado y autorizado por Pedro Sánchez. Ella fue la que dijo en el Círculo de Economía de Barcelona que derogar por completo la reforma laboral de Rajoy sería «absurdo y contraproducente». Y ella fue la que hace dos días consiguió que Unidas Podemos retirase de las conclusiones de la Comisión de Reconstrucción el impuesto a las grandes fortunas.

No es que la señora Calviño sea de derechas o se haya convertido en la defensora gubernamental de los ricos. Es que, sencillamente, aplica la lógica: si la reforma laboral tiene aspectos y resultados positivos, no se debe cambiar por completo y, si los ricos tienen que pagar, que paguen por la progresividad del impuesto, no por la creación de una tasa especial que tampoco resolvería las cifras de déficit que está acumulando el Estado. Asustar a quienes pueden crear riqueza y empleo también es «absurdo y contraproducente» en tiempos donde se necesitan inversiones. Esa es, por tanto, su fuerza: la fuerza de la lógica, la única que hace replegarse al populismo. A esa forma de gobernar la economía le llaman «ortodoxia». Yo estoy por llamarle sentido común.

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