La puja por Belén Esteban

Efe

Hace unos años Belén Esteban era el «mono de feria» que despreciaba un perfil de gente atildada en el tronío de bien. Las personas con dinero no querían sentarse con Belén y los intelectuales renegaban de su imagen lercha por mucha frescura que hubiera en su coloquialidad. Eran otros tiempos aquellos en los que solo Ana Rosa Quintana, con su olfato comunicativo, vio en ella un filón para la televisión. Y de ahí Jorge Javier la aupó como nadie a un corrillo que él siempre definió como «lo mejor de lo peor». Belén se ajustó al canon del refranero castizo, «de arrieros somos y en el camino nos encontraremos», y a base de frases cortas y muy simples -simbolizadas en ese «por mi hija ma-to»- fue construyendo un discurso que ahora tiene un valor incalculable para un sector mediático y político. La puja por Belén está abierta, y Carlos Herrera abandera esta causa. Tantas flores le ha echado a Belén esta semana en su programa que cualquiera diría que le encantaría sentarla a su lado en las tardes de toros. Porque en esta nueva normalidad la Esteban no es la chica de barrio del «¿me entiendes?», ni la madre coraje de Andreíta, sino la mujer que llegó al plató, se sentó y le plantó cara al mismísimo Jorge Javier en un debate político y mediático que tiene dividida, como siempre, a España. En esa flojera discursiva y de pensamiento paticorto estamos. ¿A quién de los dos votas tú?

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