Pandemia en la segunda guerra fría

Gaspar Llamazares / Miguel Souto

OPINIÓN

El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, en una imagen de archivo del 2017
El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, en una imagen de archivo del 2017 Damir Sagolj | Reuters

03 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Los líderes que están saliendo mejor parados de la pandemia no son aquellos que han puesto las mentiras, la polarización y la división por delante de la unidad y la estabilidad, ni los que han puesto el negacionismo por delante de la evidencia científica, ni tampoco los que siguen una lógica divisiva y autoritaria y hacen todo lo posible por erosionar las democracias allí donde gobiernan. Lo cierto es que el nuevo coronavirus ha puesto en evidencia al populismo ultra y a sus líderes incompetentes y los ha destapado como a los monstruos que salieron de las vacaciones que Mary Shelley, Lord Byron y el médico Polidori pasaban juntos en Suiza a las orillas del lago Lemán.

Ahora es tiempo de elecciones, y las próximas de noviembre en USA son tan importantes que ya hay observadores dignos de crédito que ven factible la posibilidad de que Donald Trump no acepte el resultado que salga de las urnas. Esas elecciones se van a celebrar, además, en plena escalada de la guerra tecnológica con China, país con el que EEUU está librando una dura batalla por la influencia geopolítica. (Como parte de esta dialéctica geopolítica, y con Rusia como tercero en discordia, destaca el pulso de la investigación en vacunas y tratamientos de la covid-19.) Lo que ahora está en cuestión es la arquitectura creativa y de seguridad que reflejaban los compromisos alcanzados tras la segunda guerra mundial, con China en el papel de la antigua URSS. China, que era un país medieval en tiempos de Mao, sigue siendo un régimen totalitario, pero ha desarrollado una industria de primer orden y destaca en casi  todos los ámbitos de la investigación y la tecnología, desde la inteligencia artificial hasta la producción de misiles.

La reelección de Trump, cuyo mandato no ha estado libre de sobresaltos ni de actuaciones extemporáneas, se complica seriamente, según parece. Además, dos grandes crisis se han cruzado en su camino en estos últimos meses: la pandemia y George Floyd, víctima de la violencia policial en Minneapolis el pasado 25 de mayo. Y ya es sabido que ha gestionado ambas crisis con unos pésimos resultados.