«Los mineros se hacen cruces y reniegan de Dios».

Un nuevo día cae suavemente sobre Asturias. Es 31 de Agosto, como hoy, pero por aquel entonces, el teléfono sonó antes de la cuenta. Las calles están en silencio, asturianos y asturianas duermen, y esto contrasta con el bullicio del pozu Nicolasa , donde 14 mineros se disponen a hacer el último viaje en la jaula del pozo.

Han pasado veinticinco años de una de las tragedias que más ha conmocionado a la región y de las que se han escrito renglones y renglones sin saber realmente qué pudo pasar aquel 31 de agosto de 1995, en la capa octava, entre las galerías cuarta y quinta, a cuatrocientos metros bajo tierra. Unas velas recordarán hoy el accidente en la plaza del pozu Nicolasa, en Ablaña; pero unas velas perpetuas recordarán siempre a los más de 4.000 mineros fallecidos en el tajo, en toda Asturias.

Como diría Aitana Castaño, soy una «neña de humo», a la que le gusta la conciencia política y la lucha minera, por eso no puedo remediar, días como hoy, sentir pena al recordar a aquellos, padres, madres, mujeres, hijos e hijas, esperando agachaos, apoyando la cabeza en las manos, esperando y esperando...

Hoy no suena el turuyu, el tiempo ha ido silenciando lo que es una verdad a voces: una explosión de grisú, provocada por las deficientes condiciones de seguridad, sesgó la vida de 14 familias, donde hoy solo suena el triste silencio del olvido, y del dolor.

Hoy, la Asturias contestararía y dinamitera llora por todas las vidas que segó la minería traicionera.

Sangre y carbón en el calendario, un cuarto de siglo de la tragedia del pozo Nicolasa

carmen liedo
Funeral de varios de los mineros fallecidos en el accidente del Pozo Nicolasa. Mieres. Asturias 1995
Funeral de varios de los mineros fallecidos en el accidente del Pozo Nicolasa. Mieres. Asturias 1995

Una gran explosión de grisú se llevó la vida de 14 mineros la madrugada del 31 de agosto de 1995, paradójicamente, en la única explotación de carbón hoy en activo. La pandemia de la COVID-19 hace posponer el homenaje oficial

El 31 de agosto es una fecha marcada a sangre y carbón en las comarcas mineras asturianas, especialmente en el concejo de Mieres. Los que han sido y son mineros conocen desde el primer día que entran en la mina lo que es el negro absoluto, la oscuridad absoluta, y aquel último día del mes de agosto de 1995 descubrieron en el Pozo Nicolasa el silencio absoluto. Mieres, las cuencas, Asturias y la minería, en general, enmudecieron ante una de las mayores tragedias del sector a nivel estatal y europeo. En aquella madrugada, una explosión de grisú se llevó por delante la vida de 14 mineros cuya única ambición cada jornada de tajo era sacar adelante a sus familias.

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Los silenciados del pozu Nicolasa