Mimando al turista


Hemos pasado el verano tratando de mimar al turista y evitar la hecatombe que podría significar -y que en buena parte significó- su ausencia. El éxito fue tan relativo que, en realidad, no fue un éxito, pero tampoco fue el desastre sin paliativos que muchos preconizaban, porque, entre unas cosas y otras, hubo algunos atenuantes y se salvó lo que se pudo. La pandemia impuso su dictado con unas demoras que aún perduran bajo diversas formas, y el presidente Sánchez ha acertado con su personal plan de vacaciones de Estado o así. Es decir, fuimos haciendo lo que supimos y pudimos, y punto pelota. 

El turista, por su parte, se ha comportado como Dios le ha dado a entender, es decir, atreviéndose a ir a algunos lugares, pero no prodigando su presencia en espectáculos de masas o saraos de distinta condición. Porque la inseguridad atajaba sus pasos y a veces lo recluía entre el hotel, o la casa, y la playa. Todo con cautela y mascarilla. ¿Un espectáculo triste? Sí, para mí lo fue. Demasiadas cautelas durante demasiado tiempo. Pero de esto va el virus. Y los que se desfogaban un día, figuraban asustados al siguiente. Porque la pandemia, inclemente, seguía amenazándonos.

Hemos mimado al turista, sí. Lo hemos mimado incluso los que también íbamos de turistas. Hemos jugado una partida modélica que no podíamos ganar, pero cuya adversidad podíamos mitigar. ¿Puede decir lo mismo el Gobierno? ¿O acaso sus miembros tomaron vacaciones como Pedro Sánchez? Porque la pandemia sigue y en algunos lugares se agudiza, ahora ya sin turistas, es decir, otra vez solos y mirando en derredor con desconfianza. Una mala sensación de inseguridad ante un horizonte aún no despejado. Un disco conocido (y ya muy rayado) que nos mantiene a la defensiva, incómodos, inseguros, hartos. Muchos tenemos la sensación de que el Gobierno puede y debe hacer mucho más. Porque las buenas actitudes ciudadanas deben de tener guías certeras, seguras y firmes, con pautas, instrucciones y respaldos de todo orden.

Sí, hemos cuidado el turismo dentro de lo posible. Ahora se trata de que nos guiemos entre nosotros con el mismo afecto, siguiendo las pautas emitidas por los expertos. Porque la lucha continúa, señor Sánchez, y no cabe que usted escurra el bulto delegando funciones.

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