Lección del US Open


Nadie está por encima de las normas, ni siquiera el número 1 del mundo. La descalificación de Djokovic en el US Open es un revés en sus aspiraciones de igualar a Nadal y Federer, pero también un golpe para el torneo, que pierde a su máxima estrella. Sin embargo, a los organizadores no les tembló la mano y aplicaron el reglamento a rajatabla. Eso es muy americano, la igualdad de oportunidades y también de responsabilidades. El tenista serbio no pretendía hacer daño (solo faltaría), y tuvo la mala suerte de que la pelota impactara en el cuello de la juez de línea, pero lo cierto es que se dejó llevar por su ira. No es la primera vez y refleja una conducta muy poco deportiva, como su costumbre de llamar al fisioterapeuta cada vez que las cosas se le ponen cuesta arriba, para desestabilizar al contrario. En esta ocasión no le funcionó y de ahí su frustración. Puede que Djokovic acabe finalmente teniendo más trofeos del Grand Slam que nadie, pero en fair play, respeto y dignidad está a años luz de sus rivales.

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