Honda, H de hidrógeno


Honda anunció la semana pasada su decisión de abandonar la Fórmula 1 cuando acabe esta temporada, lo que ha significado un terremoto en la competición automovilística más importante del mundo. Aunque el fabricante japonés participó en el Gran Circo como constructor en dos períodos (en la segunda década de los 60 y en la primer década de este siglo), su papel principal ha sido el de suministrador de motores, que en los años 80 permitió a escuderías como McLaren y Williams obtener seis campeonatos de marcas y cinco de pilotos. Ayrton Senna, Alain Prost o Nelson Piquet no tendrían el mismo palmarés sin la tecnología y la legendaria fiabilidad —«Honda es Honda»— de la firma nipona.

Tras varios paréntesis, en los últimos años regresó a las carreras y sus motores volvieron a conseguir victorias en una Fórmula 1 hecha a la medida de Mercedes, la última hace solo un mes con el Alpha Tauri de Pierre Gasly. Pero han sido días de vino y rosas, y las pullas de algunos pilotos lenguaraces —Fernando Alonso dijo que era «un gran motor para la GP2» y Max Verstappen que era «una puñetera broma»— han hecho que Honda diga basta: «El automóvil está superando un período de gran transformación que sucede una vez cada cien años. Honda ha decidido lanzarse hacia la huella neutra de carbono en 2050 y se deben emplear los recursos corporativos y el desarrollo hacia áreas de las unidades de potencia del futuro, como la pila de combustible y las baterías, que serán el núcleo de las tecnologías energéticas sin carbono».

Lo interesante de este comunicado es que pone en primer lugar, cuando habla de un futuro sin combustibles fósiles, la pila de hidrógeno, y después las baterías de ion-litio. No es casual. Los coches eléctricos son el presente —y nos los van a vender bien en las próximas décadas—, pero la verdadera solución a los problemas del cambio climático y de la movilidad está en la H. Ya hay trenes de hidrógeno circulando en Alemania, Talgo acaba de presentar un prototipo para Cercanías, Mercedes un camión (GenH2) que tendría 1.000 kilómetros de autonomía, y hasta Airbus se plantea poner a surcar el cielo un avión con motores híbridos de hidrógeno en el 2035. Entonces, sí, el CO2 tendrá los «días contados».

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