Okupas y antiocupas (y II)

OPINIÓN

21 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En el primer artículo traté de reflejar las aristas del debate y pasar a través del ruido que hoy impregna la mayoría de los debates en los medios de comunicación. Objetivamente la okupación ha aumentado un 5% con respecto a 2019 pero, sin embargo, las noticias se han disparado y también la alarma social de forma injustificada. En los últimos días, un diario asturiano publicaba un reportaje detallado de la situación en la zona oeste de Gijón, que nos ayuda a situar el problema en Asturias, alejado de la situación de Baleares o el País Valenciano, donde puede haber elementos de crimen organizado que añadan nuevas casuísticas. 

Los casos de la zona oeste de Gijón nos hablan de infraviviendas, de personas que habitan en naves industriales o en casas en ruinas, donde la policía ni siquiera encuentra a los dueños para que presenten una denuncia. Por tanto, uniendo lo que decía en el primer artículo y esta situación de personas que viven en infraviviendas, digamos que el problema que se ha venido a llamar de ocupación es en realidad un problema de vivienda que se manifiesta de dos formas, ya sea  en personas que son inquilinas y dejan de pagar el alquiler, o en forma de ocupación de viviendas abandonadas que son en realidad infraviviendas. También en los grupos de personas organizadas que ocupan edificios vacíos en las ciudades que pertenecen normalmente a grandes corporaciones. Pero en los tres casos nos encontramos con personas que necesitan una vivienda y con personas, vecindario o propietarias, que se ven perjudicadas de una forma u otra por la situación.

Ante esto, la posición política tiene que ser romper la polarización y ofrecer una perspectiva basada en datos contrastados. Necesitamos propuestas que den soluciones a todas las partes y  tener presente que en nuestro país tenemos un problema real de acceso a la vivienda. Se trata de un derecho básico y universal y no podemos negar que hay un sector de la población que se está quedando fuera. Además, no es un problema de ahora, lleva mucho tiempo tiempo ahí sin que se le de la solución  adecuada.  También hay que reconocer que en muchos casos la mal llamada ocupación se produce cuando un inquilino deja de pagar. Muchas de las personas que alquilan sus casas tienen a vez una economía precaria y constituyen una población vulnerable que depende de esas rentas ante las limitaciones del mercado laboral.