España: una vieja nación con incertidumbres en sus principios vitales

José Ramón Llera

OPINIÓN

Jordi Pujol. en una imagen de archivo
Jordi Pujol. en una imagen de archivo TONI ALBIR | EFE

14 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Es evidente que el presente de España augura un futuro lleno de muy oscuras y tenebrosas incertidumbres, al elegir caminar, hacia ese futuro, por caminos intransitables y peligrosos, que bordean profundos precipicios y con muchas posibilidades de acabar en su fondo.

Pero ese riesgo que eclosionó ahora, no lo hizo por generación espontánea, sino que es la consecuencia de llevar muchos años estando en la creencia de que esta vieja nación es un vulgar Patio de Monipodio Cervantino, y que así seguirá siendo por mucho que cambie el mundo.

Unos a otros, todos se culpan de ladrones, o de alcahuetes de ladrones, o de cometer acciones que perjudican y desprestigian a España: Gobierno, oposición, altos funcionarios de la Administración Pública de los distintos Ministerios, empresarios y hasta los pastores del rebaño de ovejas de la santa Iglesia católica se han visto salpicados por alguna chapuza difícil de justificar, así como una larga relación de personajes de menor enjundia y muy diverso pelaje, enquistados en los diferentes niveles que conforman la Administración Pública.

Todas/os denuncian a voz en grito que esta dinámica tiene que cambiar, porque la sociedad española no es corrupta, y ellos (esa banda) dicen que tienen que ser ejemplo para la ciudadanía, pero ninguno está dispuesto a dar el primer paso (aunque sea solo para corregirse así mismos), porque esa acción la historia ha demostrado que es muy peligrosa; y es que el valiente que tenga el arrojo suficiente para acometerla pasará a ser considerado persona non grata y condenado al más humillante ostracismo.

La pregunta que se hacen muchas/os de los ciudadanas/nos nacidas/os a partir del año de 1970 es ¿si esta forma de hacer política existe, en nuestra patria, por la implantación del sistema democrático? La contestación de manera categórica es que ¡no! Esa es la forma de hacer política que permitió al general Franco mantener su dictadura durante 40 años en España.

La Constitución de 1978 enterró para siempre el puño de hierro franquista, con el guante de seda clerical que lo cubría, pero lo que no pudo enterrar fueron las malas mañas que secularmente se utilizaron en la Administración de los dineros públicos que, salvo algunos de los breves años de gobiernos republicanos durante la segunda República, siempre estuvo en manos de las oligarquías hasta la llegada de los socialistas al Gobierno en el año 1982.

Pero el 31 de Mayo de 1984 se construyeron los cimientos para que la realidad que creían estar viviendo, desde el jueves 28 de octubre de 1982, las/os españolas/es se mostrara crudamente como lo que era: un espejismo. La corrupción volvería a florecer en todo su esplendor con su perfume embriagador. Ese día, el maestro jardinero del 3% obtuvo su primera mayoría absoluta con 71 votos de CiU( su partido), seis de ERC y seis del partido construido con los escombros del franquismo, Alianza Popular, del exministro franquista Manuel Fraga Iribarne. Votaron en contra PSC (41) y PSUC (6). Si el Parlamento catalán tiene 135 diputados y a Pujol le bastan sus 71 porque tiene con ellos la mayoría absoluta, ¿qué pretendía el tal Fraga al apoyar al Pujol?

¡Restar legitimidad moral! a la querella que el Fiscal General del Estado, nombrado por el Gobierno socialista, Luis Burón Barba, presentó contra los exconsejeros de Banca Catalana, entre los que se encontraba el tal Pujol, por las presuntas irregularidades cometidas en el banco, y que parece ser enriquecieron al titulado de Muy Honorable. Con su mayoría parlamentaria y el cheque en blanco de Fraga, nada mas ser investido presidente, salió al balcón de la plaza de San Jaime y, entre otras cosas, se permitió decir: «Hemos de hacerles entender que con Cataluña no se juega, y que el juego sucio no vale (la querella). Somos una nación, somos un pueblo y con un pueblo no se juega. ¡En adelante de moral y ética hablaremos nosotros!» Entre las pancartas que había en la plaza de San Jaime una decía: «En monarquía o república, los socialistas contra Cataluña». Eso es una falacia, porque los socialistas, los que nos esforzamos todos los días en hacer honor al nombre que los compañeros fundadores pusieron en base a los princi- pios que motivaron su creación,Partido Socialista Obrero Español (PSOE), nunca estaremos contra Cataluña, porque forma parte indisoluble de la patria española.