El Catalán, el «catañol» y la inmersión lingüística: un poco de historia

A diferencia del modelo de tres tercios que opera en Galicia, en Cataluña los alumnos solo estudian dos horas de castellano a la semana. Salvo en los privados a los que envían a sus hijos la crema indepe, donde la ley de normalización no entra.


Tengo una amiga uruguaya que lleva tres años viviendo en España. En concreto, ocho meses en Barcelona y el resto aquí, trabajando en La Voz. Hace unos días le hice la pregunta que yo he tenido que contestar muchas veces fuera de Galicia desde que llegué aquí hace 23 años:

—¿Alguna vez el gallego ha sido un problema?

A esa pregunta yo siempre respondo con la misma ironía: «Es dificilísimo. Como si llevara 23 años viviendo en Ucrania». La respuesta de mi amiga fue contundente.

—Nunca. Jamás.

—¿Y el catalán en Cataluña?

—Bueno…

En Cataluña, a diferencia del modelo educativo que funciona en Galicia, un tercio en gallego, otro en castellano y otro en lengua extranjera, opera la denominada inmersión lingüística. ¿Cómo funciona? Hay tres tipos de escuelas. En las privadas, el 4% de los alumnos, la ley no entra. Pese a que el Estatut de Autonomía dice que la lengua no puede ser motivo de discriminación, ni en los colegios internacionales ni en los centros de superélite se hace caso. El Ibex catalán lleva a sus hijos al Aula, el colegio en el que estudió Artur Mas. Las familias de postín se aseguran de que sus herederos dominen fluidamente el catalán nativo, el francés, el inglés y el castellano. Y es al llegar al cole cuando los niños aprenden que forquilla i ganivet en castellano se dice tenedor y cuchillo.

En los públicos, una minoría de profes rebeldes enseña en castellano a modo de protesta. El problema está en la gran mayoría de públicos y en los concertados, subyugados por la Generalitat y siempre con miedo a perder el concierto. Aquí, la inmersión es total: dos horas de castellano a la semana y en el pati parlem català. En general, los universitarios catalanohablantes son bilingües en castellano oral, con graves carencias en vocabulario y gramática. Pero el dominio formal de la lengua, la ortografía y la gramática no se logran sin ir a un colegio de élite.

La maquinaria de fake news indepe suele decir que, de acuerdo al informe Pisa, el nivel de castellano de los niños catalanes es superior al de muchas comunidades monolingües. Obviando un pequeño detalle: en el examen de Pisa no hay ni una palabra en español. Otra gran trola es que la inmersión tiene el aval de Europa. Lo único cierto es que España, de forma voluntaria, está adherida a la Carta Europea de Lenguas Minoritarias, que por ejemplo jamás ha ratificado Francia. Y que dice que la inmersión debe ser para los padres que la quieran, y no obligatoria.

Pero la gran victoria histórica de Pujol es no solo atribuir la inmersión al PSC. Sino que el mismísimo PSC la adopte como propia. En la Transición, Pujol y Arzalluz estuvieron de acuerdo en que en la educación hubiera dos líneas paralelas, a diferencia del modelo gallego. Pero Marta Mata, pedagoga socialista impulsora de la escuela pública, peleó para que no fuera así, con la intención de evitar la estigmatización de los castellanohablantes. Y así nació la primera ley de normalización de 1983. Lo que pasó después fue que Pujol comenzó a encadenar mayorías absolutas y situó durante veinte años al frente del Servei d’Ensenyament del Català a Joaquim Arenas. Ya jubilado, a sus 83 años es firmante junto a Borrás y Canadell del Manifiesto Koiné, que considera colonos a los catalanes que hablan español. El problema del PSC es que Marta Mata no puede desmontar el gran bulo porque murió en el 2006. Sí lo puede hacer el ex president Montilla, que llevó a sus hijos al Colegio Alemán de Esplugues. U Oriol Junqueras, cuyos vástagos, «por tradición familiar», irán al Liceo Italiano de Barcelona, el mismo centro en el que estudió él.

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