La deslealtad de Iglesias, Salvador Illa y la ruinosa fórmula Iceta

El vicepresidente vuelve a insistir en que «no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España». El candidato del PSC, por su parte, sigue apostando por pasar página, validando la retórica de Junqueras y Puigdemont

Iceta e Illa, en la toma de posesión del primero el día que el segundo abandonó el Gobierno

Pablo Iglesias continúa empeñado en que los Comunes acaben en la misma papelera de la historia que las Mareas gallegas, con una derrota que facilite la victoria de Salvador Illa. Ayer, en una entrevista en el Diari Ara, volvió a contradecir a una compañera de Consejo de Ministros, en este caso la ministra de Exteriores, y aseguró que en España «no hay una situación de plena normalidad política y democrática». González Laya había recordado el viernes que «España es una de las 23 democracias plenas» que existen, de acuerdo a una clasificación en la que la Francia de Macron, la Italia de Draghi o la Bélgica de Puigdemont son tachadas de democracias defectuosas.

Deslealtades monclovitas aparte, la campaña está confirmando la estrategia de Illa de nadar en el mundo indepe guardando la ropa unionista. Los pecados más graves del PSC en Cataluña nunca han sido por acción, sino por omisión. La asunción por parte del socialismo catalán de la inmersión lingüística como algo propio, cuando la realidad es que el monstruo lo creó Pujol, es la punta del iceberg de todos los temas en los que el dejar hacer del PSC ha sido gasolina para la construcción del proyecto independentista.

Illa está apostando por la ruinosa fórmula electoral de Iceta de no cuestionar las grandes mentiras independentistas. Y por tanto validando la retórica de Junqueras y Puigdemont. Illa entró en el barrizal del déficit fiscal y admitió que Cataluña necesita unos ingresos más justos. Y claro, fiesta en el mundo indepe, porque que tu principal (único) rival asuma como propia la gran patraña histórica del déficit es una victoria equivalente a la de la inmersión.

Puigdemont, que no tiene un pelo de tonto —ya hemos dicho aquí que el fanático es Junqueras—, ha aprovechado el patinazo de Josep Borrell en Moscú para barrer para casa con su particular ingenio tuitero. En un mitin celebrado en Vic, la Covadonga indepe puesta ahora en el mapa por Ortega Smith, Puigdemont dijo que Borrell e Illa son «los autores de la DUI, la Declaración Unilateral de Incompetencia».

Hay diversas corrientes de opinión sobre si la metedura de pata de Borrell perjudicará las opciones de Illa o no. Personalmente, creo que movilizará voto secesionista y quizás frene parte del trasvase de Ciudadanos al PSC. Arrimadas ganó en diciembre del 2017, justo después de la espantada de Puigdemont y la entrada en prisión de Junqueras, con casi un millón cien mil votos. Eso es lo que Illa tiene que recuperar si quiere ser presidente. Y le será difícil nadando y guardando la ropa, sin que se llegue a saber si es un nacionalista como Iceta o no. Por ahora solo ha colocado en la campaña el anuncio electoral-populista de bajarse el sueldo un 30%. Y para eso ya están Pablo Iglesias y Ada Colau.

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