Feijoo, Ayuso, Bárcenas y el silencio de Pablo Casado

El juicio del ex tesorero del PP explica el silencio de Casado cuando ERC quiso aplazar los comicios, dejando pasar lo que en otras circunstancias habría sido una excelente oportunidad para zurrarle a los independentistas


Recurriendo al sobado tópico monterrosiano, cuando el lunes Pablo Casado se levante, probablemente sorpassado por Vox en Cataluña, los dinosaurios Bárcenas y Rajoy seguirán aquí. Ya hemos opinado más de una vez cómo, siguiendo con la literatura Latinoamericana, el Perú de la unidad política en la pandemia se empezó a estropear cuando el líder del PP se miró al espejo y no le gustó lo que veía. Y a partir de ese momento, acoquinado por la disparatada moción de censura de Vox a Sánchez, inició una peligrosa radicalización hacia la derecha con Ayuso, desmarcándose del centro de Feijoo. Al presidente de la Xunta aquello le vino de maravilla para revalidar su cuarta mayoría absoluta, en el oasis pandémico de julio. Y una vez asegurado el despacho de San Caetano, no fue hasta la semana pasada, en la excelente entrevista realizada por Tamara Montero y Raúl Romar, cuando ha vuelto a esa equidistancia política que tan buenos frutos le ha dado, entre la derecha madrileña ultramontana y la coalición imposible Ferraz-Galapagar.

Feijoo le quiso disputar en otoño a Ayuso el liderazgo de la oposición a las políticas de Illa y Sánchez, y fue uno de los apóstoles del despropósito de salvar la Navidad y tener manga ancha con los allegados. Pero un enero insoportable, con catorce muertos diarios, lo ha traído de nuevo al rego de la sensatez. Y que dure.

También hemos comentado aquí, perdón por ser tan aburrido, que el instinto asesino del dúo Sánchez-Redondo, ayudados por la munición de Tezanos, es insaciable. Y de la misma manera que no les dieron ni agua a Urkullu, Torra, Casado y Ayuso cuando pedían un minuto de gloria en la llamada primera ola, ahora van a pisar el acelerador todo lo que haga falta para que Salvador Illa sea presidente.

Se demostró con la postura inflexible de mantener las elecciones para este domingo, aunque hasta la propia Junta Electoral diga que va a ser muy difícil celebrarlas como Dios manda. Ahora, al ver a Bárcenas tirando de la manta, se entiende mucho mejor el silencio de Casado cuando ERC quiso aplazar los comicios, dejando pasar lo que en otras circunstancias habría sido una excelente oportunidad para zurrarle a los independentistas.

La sed de victoria del dúo monclovita también se ha evidenciado en el intento naif de Pablo Iglesias de aprobar esta semana la polémica ley antidesahucios, para echarle una mano a los Comunes de Colau. Lo dicho, ni agua.

Cuando el lunes Casado y Feijoo se levanten —da igual quién haya ganado en Cataluña—, Bárcenas, Rajoy, Vox y el maldito bicho seguirán ahí. Esperemos que la ciencia biológica y política sigan haciendo su trabajo —pese al alergólogo del CHUO— y las vacunas sigan llegando para cada uno de los problemas.

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