Pedro y Alberto tienen un café pendiente

¿Qué necesitan para darse la mano y batirse a duelo en noble liza? Si Feijoo y Sánchez no toman ese café, el populismo seguirá campando a sus anchas


Pedro y Alberto tienen un café pendiente. Aunque se llevan once años, son de la misma generación y se parecen mucho. El hoy presidente del Gobierno tenía 14 años pero con cuatro más habría votado, seguramente como el de la Xunta, la entrada en la OTAN. Ambos votaron a Felipe y a favor de la UE. Son, como diría Rajoy, dos españoles normales. Uno del Atleti, otro deportivista. Pedro, estudiado en el barrio de Salamanca. Alberto, fogueado en el Madrid de Romay, Espe y Gallardón. Ya saben: Insalud, Correos… No creemos que Pedro votara a Aznar, aunque comparte con el pucelano la capacidad de ejecutar ajeno al ruido.

No será el primer café que toman. Pedro le debe a Alberto ser la única voz de la oposición que con el país confinado se mantuvo leal. Con la habitual lealtad gallega. En democracia, las normas se discuten. Pero una vez implantadas hay que cumplirlas. O deja de ser democracia.

¿A qué esperan Pedro y Alberto? ¿Qué es mejor? ¿Seguir alimentando el populismo? El Perú de la estabilidad parlamentaria se empezó a estropear en las europeas del 2014, cuando Podemos se dio a conocer, y PP y PSOE no alcanzaron el 50% de los votos. Luego vinieron las tarjetas black y los escándalos del PP de Madrid y el PSOE de Andalucía. Gasolina para el fuego que el hoy vicepresidente Iglesias había iniciado en las ascuas del 15-M. ¿A qué esperan Alberto y Pedro para tomar ese café, bautizado si hace falta? ¿Qué necesitan para darse la mano y batirse a duelo en noble liza?

¿Qué prefiere el votante del PSOE? Se acaba de demostrar. Secuestrado durante décadas por una élite nacionalista, se ha visto que la militancia del PSC es española. En cuanto han presentado a un señor capaz de mezclar castellano y catalán han vuelto a ganar, tanto en Cataluña como en Barcelona. ¿Qué opina el simpatizante socialista, no ya de Gavá, sino de León, de la cuenca minera asturiana, de los astilleros de Cádiz o de O Morrazo? ¿De verdad está preocupado por que España sea federal? ¿O sobre si mañana abre el colegio de sus hijos, va a cobrar la nómina o va a tener para pagar a sus camareros? ¿De verdad prefiere un Frankenstein 2 con Junqueras y los iluminados comunes? ¿O desea que Sánchez aproveche la oportunidad de enviar el populismo de la Complutense a la papelera de la historia? ¿Y el votante popular? ¿Le gusta más Ayuso o Almeida? ¿Prefiere un PP copia mala de Vox, la peor herencia del aznarismo y el esperanzismo? ¿O un partido moderado que se preocupe de lo mismo que la gente?

Si Alberto y Pedro no toman ese café, el populismo seguirá campando a sus anchas. Feijoo le puede explicar a Sánchez su fórmula antimanchas. Pero antes tiene una tarea. Garantizar que el guiso que se haga entre Madrid y Barcelona no considere ciudadanos de segunda a los gallegos, asturianos, leoneses y resto de súbditos que tuvimos la mala suerte de nacer en reinos sin historia. Como sabe cualquiera que no haya abierto un libro en su vida.

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