Feijoo, Ayuso y las olas


Cuando algo no se sabe, y el futuro de Alberto Núñez Feijoo siempre es un terreno desconocido, o se pregunta al interesado o se consulta en Google. El gigante tecnológico tiene una útil herramienta para identificar tendencias, y al rastrear al presidente de la Xunta ofrece una gráfica que marca cuatro olas de popularidad en el último año: cuando ganó las elecciones, como es natural; al anunciar en dos ocasiones duras restricciones por la pandemia; y el pasado 15 de febrero, después de que el batacazo catalán dejara a la vista las costuras del PP. Los gallegos queremos saber qué decisiones toma como gestor, pero de forma recurrente toda España se pregunta sobre sus intenciones, bien con preocupación por el devenir del centroderecha o para disfrutar con la desestabilización de su actual líder.

Feijoo tuvo la oportunidad de ser consejero de Esperanza Aguirre en Madrid en los años dorados de los populares. Mariano Rajoy le pidió que se sumase al Gobierno de España cuando la marca empezaba a perder brillo por el desgaste de la corrupción. Destacados dirigentes le animaron a suceder al pontevedrés en julio del 2018, tras la moción de censura. Y, solo unos días después, tras resumir su trayectoria en un SMS de dos palabras que envió a sus colaboradores -«Nos quedamos»-, Pablo Casado le ofreció «ser lo que quiera ser» en el partido. O lo que es lo mismo, convertirse en su vicepresidente, una trampa que incluía viajar a menudo a Madrid a decir sí a todo, mal negocio para alguien que creció saltando fronteras imaginarias en Os Peares.

Han sido cuatro negativas y otras tantas mayorías absolutas que le otorgaron un cargo ganado a pulso en las urnas, el de barón de barones, al que solo acceden los que tienen un dominio territorial incontestable sin dependencia de otros partidos, y en el que hay que saber moverse en el filo que separa la lealtad orgánica y la discordia constructiva. ?

Feijoo llama y mensajea a menudo a Casado. En privado, ejerce de asesor -le hizo caso apartando a Álvarez de Toledo en agosto y marcando distancias con Vox en octubre-, pero en público, en Madrid, entre el líquido entorno del líder solo trasciende su actitud disidente, que es la que compran los medios nacionales e irrita a Isabel Díaz Ayuso, que protesta ante la prensa porque Feijoo habla con la prensa, un mar de coherencia. Esta vez solo ha pedido respeto por la historia del PP, porque él y sus éxitos también son pasado, presente y puede que hasta futuro. De momento, seguirá gestionando la pandemia en Galicia, pero la quinta ola asoma.

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