Por qué la depresión y el suicidio siguen siendo temas tabús

El grito de un diputado del PP a Errejón durante una sesión de control al Gobierno pone de manifiesto la importancia de la salud mental

Borja Semper, Eduardo Madina e Íñigo Errejón, en una imagen de archivo
Borja Semper, Eduardo Madina e Íñigo Errejón, en una imagen de archivo

Eduardo Madina nació el 10 de enero de 1976 en Bilbao. Una mañana de febrero del 2002, cuando iba a trabajar, una bomba en los bajos de su coche le amputó la pierna izquierda a la altura de la rodilla. Madina, que a sus 26 años compatibilizaba un empleo como becario con el voleibol profesional, supo de inmediato que había sido ETA. Al primero que llegó y lo vio cubierto en sangre le dijo: «Soy militante de Juventudes Socialistas. Toma mi móvil y llama al 112». El atentado destrozó su pierna y casi su vida. Tanto él como sus padres cayeron en una depresión. Su madre murió de un infarto diez meses después. Lenta pero segura, la justicia condenó en el 2006 a veinte años de prisión a los etarras, Olabarrieta y Aztiria. La imagen de los mutiladores mofándose en la pecera de la Audiencia Nacional aún revuelve las tripas.

Madina siguió con su vida. Acabó su máster sobre la construcción europea, ha sido profesor de Historia, director en una consultora sueca y hasta presentador musical en Radio 3. Su carrera política ha sido un pequeño gran desastre. Siguió en el PSOE vasco, fue diputado en Vitoria y Madrid, pasó como asistente por Bruselas, y tras la dimisión de Rubalcaba perdió frente a Pedro Sánchez las primarias para dirigir el PSOE. Hace cuatro años dejó su acta de diputado. Como articulista y tertuliano es más influyente. La pasada semana publicó un artículo denunciando el abandono de la salud mental. Y recordando que en España se suicidan 3.600 personas al año, tres veces más de los que mueren en accidentes de tráfico.

Borja Semper nació un día después que Madina. Licenciado en Derecho, máster en Gestión Pública, su carrera política fue un desastre parecido. Coetáneo de Miguel Ángel Blanco, cuando Txapote disparó al concejal de Ermua, Semper ya era edil del PP en Irún. Perdió elecciones en su pueblo, al parlamento vasco y al Congreso. Fue líder de los populares vascos y hace un año dejó la política activa, quizás un minuto antes de que la política lo dejara a él. Ahora protagoniza con Madina una tertulia junto a Carlos Alsina. La ínsula, un espacio en el que demuestran que no es obligatorio odiarse si se piensa diferente. 

Otro outsider, Íñigo Errejón, preguntó el miércoles en el Congreso qué planes tenía el Gobierno para la salud mental, la gran olvidada. En España, recordó, tenemos seis psicólogos por cada 100.000 habitantes, tres veces menos que la media europea. ¿Por qué todos sabemos lo que significa lorazepam, trankimazin o valium, y nadie hace nada para frenar la pandemia mental? Un diputado del PP le gritó: «Vete al médico». Semper tuiteó: «La política se viene tuiterizando desde hace un tiempo. Que alguien sea un cafre aquí tiene el alcance limitado que tiene… Que la política institucional sea una prolongación de las peores formas de Twitter es lo grave».

El cafre es Carmelo Romero. 62 años. Funcionario de la Junta de Andalucía. Alcalde de Palos de la Frontera desde los 26. En el 2013 dijo que «cuando mandaba Franco todos teníamos dinero en el banco».

En lo peor de la primera ola, la ministra Irene Montero dijo que la serie Baron Noir, una ficción de intriga política, venganzas y ambición de poder refleja a la perfección la militancia interna de un partido. Semper y Madina lamentaron en La ínsula la mala suerte de Montero e Iglesias. Porque lo normal, dijeron, es llevarse bien. Aunque la tuiterización, el populismo y los adolescentes jugando a ser mayores nos hayan hecho olvidar que esto es así. 

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