El impacto del cambio climático explica, en parte, la reducción observada de las aportaciones de los ríos españoles en los últimos años. Aunque, otros factores como el aprovechamiento del uso del agua con fines productivos (urbano, industrial, agrícola) contribuyen acentuando los efectos del cambio climático.

La disminución de las aguas superficiales durante las épocas de estiaje pone en riesgo todas las funciones ecosistémicas. Nuestros ríos tienen un papel fundamental asociado al transporte y la dilución de los vertidos producidos por los distintos usos de la tierra, los procedentes de efluentes autorizados y los incontrolados. Las capacidades de amortiguamiento y dispersión se han reducido drásticamente en las últimas décadas. En algunos puntos de nuestros ecosistemas solo se  podrán mantener los indicadores de calidad, en un futuro no muy lejano, aumentando la capacidad y calidad de depuración de las aguas residuales. El factor altamente limitante de la reducción de caudal circulante marcará las futuras actuaciones sobre la gestión del agua. Pero, no debemos pasar por alto que la Directiva Marco del Agua establece como objetivo la consecución del buen estado en todas las masas de agua de la UE antes de 2027.

La adaptación del uso del agua, dentro de los ecosistemas fluviales Asturianos, ante los futuros escenarios asociados a la satisfacción de las demandas requeridas para satisfacer las necesidades sociales es un reto fundamental y complejo. La manifiesta fragmentación realizada por la interacción del ser humano impide la libre circulación de las especies fluviales (factor limitante biodiversidad). Numerosas barreras alteran los ríos del Principado, incluso las equipadas con pasos para peces se muestran ineficaces en algunos puntos. Donde, la generación de fuerza electromotriz coincidiendo con bajos caudales hace menos atractivos los flujos de paso hacia las escalas. No podemos obviar que, la mayoría de las centrales hidroeléctricas se ejecutaron a mediados del siglo XX y sus bocas de captación, aliviaderos y pasos de peces están calculadas de acordé a las épocas de construcción. Por lo tanto, los caudales circulantes no son equiparables a los actuales y todas aquellas instalaciones que no hayan acometido adecuaciones a los regímenes ordinarios deberían de ser analizadas. Para así, implementar las medidas de mitigaciones (ascendentes y descendentes) técnicamente factibles y ecológicamente relevantes, con el fin de reducir los efectos adversos significativos sobre las especies que dependen directamente del agua y de los hábitats.

La mejora en la conectividad ecológica efectuada en diferentes países muy involucrados en la restauración de sus ecosistemas es evidente. Francia, Dinamarca, Noruega, Suiza y Alemania, entre otros, invierten grandes cantidades económicas en este propósito. La UE en 2018 publicó el  documento de orientación sobre los requisitos aplicables a la energía hidroeléctrica con arreglo a la legislación de la UE en materia de protección de la naturaleza (no vinculante, por desgracia). Pero aquí, en España y particularmente en lo referido a las dinámicas poblacionales de salmónidos los factores limitantes son otros. Numerosas asociaciones, pescadores pseudo-conservacionistas y, parece ser que últimamente algún que otro Ministerio han localizado el desencadenante de los mismos «la pesca recreativa extractiva sostenible».

Chauvinismo y salmón

El resultado de un razonamiento falso o paralógico «capturas registradas», una falacia de tipo etnocéntrico «lobby» o de ídola fori «pesca sin muerte». Constituyen parte de los argumentos falsos que sirven para persuadir a la población mediante la utilización de sentimientos y expresiones, muchas de ellas exacerbados, como el victimismo «último salmón del Esva, pescar a cebo es como matar animales», en vez de promover la razón. Se utiliza generalmente por parte de políticos, medios de comunicación y dudosos conservacionistas (caso que nos atañe) para condicionar la formación de expectativas.

Es faltar a la verdad y retrata el chovinismo cuantitativo de estos colectivos el tomar como baremo más representativo las capturas registradas sin mencionar que, desde el año 2010, la administración competente articula muestreos poblacionales muchísimo más confiables para realizar el seguimiento aproximado sobre las dinámicas poblacionales. Durante la última década (excepto 2011 y el fatídico 2020) un total de 27.492 salmones se controlaron en los cauces Asturianos, siendo la media interanual de ejemplares retenidos por la acción de la pesca recreativa del 24%. Dato orientativo y a la baja exceptuando los importantes pulsos migratorios otoñales, los cuales son mundialmente famosos en ríos como el  Margaree (Canadá) o el Tweed (Inglaterra) en los que aportan valores cercanos al 50% sobre las capturas anuales. Los  porcentajes de retención efectuados durante la última década en los cauces del Principado son inferiores a las estimaciones realizadas por diferentes autores en distintos ríos del Arco Atlántico. Donde, las capturas ribereñas suelen rondar rangos comprendidos entre el 30% y 50% sobre el total de la población controlada en los diferentes contadores.

Es cierto que el salmón no vive una de sus mejores épocas en todo el Arco Atlántico. Pero, si aquí en España y, particularmente en Asturias el estado actual de las poblaciones no permitiera retener un ejemplar más, las autoridades competentes tampoco deberían instaurar ni autorizar el maltrato animal como modelo de gestión. Países como Noruega, Francia y EEUU entre otros, así lo entienden y prohíben cualquier tipo de actividad recreativa vincula al ejercicio de la pesca ribereña cuando pretenden mejorar las dinámicas poblacionales de esta singular especie. 

El sentido vulgar del lenguaje no se debe imponer sobre la evidencia.

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Adaptación ambiental y chauvinismo cuantitativo