Comunistas y reforma laboral integral y ambiciosa. Detrás y a través de las palabras

OPINIÓN

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida , saluda a Pablo Casado a su llegada hoy al tradicional homenaje a las víctimas de los atentados del 11M
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida , saluda a Pablo Casado a su llegada hoy al tradicional homenaje a las víctimas de los atentados del 11M Rodrigo Jiménez | Efe

03 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace años, en una clase de Lexicografía, les preguntaba a los alumnos si la palabra «derecha», en el sentido de ideología política conservadora, podría figurar en el diccionario con la marca de «peyorativa». Me dijeron que no. Creían que les preguntaba si el diccionario debía decir que ser de derechas era algo malo. El ejemplo me servía para que entendieran que el trabajo del diccionario no es explicar cómo es el mundo, sino cómo usamos las palabras. Hagámonos cuatro preguntas: ¿Hay gente que sea de izquierdas y niegue ser de izquierdas?; ¿Hay gente que no sea de izquierdas y diga ser de izquierdas?; ¿Hay gente que sea de derechas y niegue ser de derechas?; ¿Hay alguien que diga ser de derechas sin serlo realmente? Las respuestas son evidentes: no, sí, sí, no.

Los de izquierdas usan la palabra «izquierdas» e incluso la apetecen algunos que no lo son. Nadie que no sea de derechas quiere esa palabra. Y los de derechas prefieren no usar la palabra «derechas» y utilizar otras, como conservador o liberal, y solo la usan con el terrón de azúcar de «centro», centroderecha, como si la palabra en sí fuera demasiado amarga. Justa o injustamente, la palabra «izquierda» no se evita y la palabra «derecha» sí se evita o se edulcora. El diccionario trata del uso de las palabras y tendría fundamento que dijera que «derecha», en política, es peyorativa (no se chiven a la RAE; era una clase, el experimento era con gaseosa).

Según Alberto Manguel, los Ptolomeos decían de su biblioteca de Alejandría que era el lugar donde «el universo mismo encontraba su reflejo hecho palabras». Tal era el poder que atribuían a las palabras que creían que su biblioteca podía ser un duplicado del universo. Las palabras reflejan el universo, pero también lo cambian. Y también lo ocultan. A pesar del trabajo de los lexicógrafos, siempre hay quien quiere hacernos olvidar el diccionario y usar las palabras para crear mundos fantasmagóricos que nos oculten el mundo real. Así que una parte de la mirada a la actualidad ha de consistir en mirar a través de las palabras.