«Negro» no es un insulto más


Salen ahora algunos forofos del fútbol a quitarle hierro al insulto del sevillano Juan Cala al valenciano Diakhaby. Parece que aún hay personas que todavía no entienden que llamarle a otra «negro de mierda» no es un insulto más. No es, como dice el exseleccionador Javier Clemente, como si a los vascos les llamasen etarras o a los pasados de peso gordos. Puede parecer lo mismo, pero no lo es en absoluto. Y es ahí donde tenemos que hacérnoslo mirar, porque más allá de que insistamos en la necesidad de eliminar cualquier tipo de violencia verbal y no verbal en el deporte, no se puede dejar pasar ni una con el racismo. Es un clamor, un basta ya, un hartazgo que no se puede justificar de ningún modo posible, ni por comparación con otras expresiones espontáneas peyorativas ni por el considerarse como una parte natural del choque entre rivales. Ser racista y hacer manifestaciones racistas no es una gracieta más, no es un chiste que uno hace para luego desdecirse ni se puede andar con medias tintas del tipo: «Lo dije, pero yo no quería hacer daño, en el fondo yo no pienso eso». Pero con los futbolistas hay esta vara de medir tan particular que, precisamente por eso mismo, porque los aupamos como dioses, hay que exigirles como los ídolos que son. «Negro de mierda» no es cualquier insulto, es la demostración de que aún hay una ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás. También el fútbol. Poca multa me parece que para que todos reparemos sea el negro el que haya tenido que dejar de jugar.

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