Esto no va de elecciones


He leído que, al salir de nuestra zona de confort, ese espacio en donde nos sentimos cómodos, comenzamos a tomar conciencia de nuestros miedos y de nuestras barreras mentales, de nuestros pensamientos limitantes. Una de las características de ese estado es que nos cerramos a nuevas ideas y cambios, ya que no encajan con nuestro sistema de creencias perfectamente estructurado; es algo que va mucho más allá de un cambio de lugar o de hábitos. 

Hasta ahora, siempre he pensado que el problema de Vox es que sus dirigentes tienen sus cerebros situados fuera de su zona de confort y son incapaces de adaptarse a los cambios sociales reaccionando al sentirse amenazados. Lejos de ser una actitud valiente, es solo una forma de miedo, de cobardía, que les hace añorar un pasado «perfectamente estructurado».

Sus barreras mentales les hacen no entender las demandas de cambio en la igualdad de hombres y mujeres, desprecian la diversidad sexual y tienen miedo a los inmigrantes. No entienden que las familias quieran recuperar a sus abuelos asesinados porque eso cuestiona su verdad sobre la Guerra Civil, y añoran el pasado porque allí, en cuestiones sociales y morales, todo estaba «atado y bien atado». Proponen que nos defendamos con armas de peligros inexistentes y minimizan agresiones como los de las llamadas manadas. Citan con añoranza la batalla de Las Navas de Tolosa y la Reconquista, pero, curiosamente, carecen de criterio sobre la mayoría de los conflictos actuales. Sobre la izquierda, la ven como una pandilla de gente «sucia y mal vestida» que se inventa la brecha salarial.

Confunden los problemas del medio rural con la tauromaquia y la caza, y ven a los ecologistas como una especie de demonios comunistas disfrazados de verde. En su delirio, aman tanto a España que en todo ven una amenaza hacia algo que consideran propio, pero que es de todos. En resumen, quieren cambiar un mundo en el que sienten incómodos y tratan de paliar su incapacidad de adaptación con soluciones fáciles a problemas que no existen.

Sin embargo, ahora han rebasado todos los límites con el cartel referente a los menores no acompañados. Basados en la mentira, han copiado a los propagandistas del partido nazi despreciando los principios éticos más elementales y cuestionando a organizaciones, como Cáritas o Cruz Roja, que se ocupan de esos menores. Es despreciable. Créanme, esto ya no va de elecciones, ni siquiera de áreas de confort; estaba equivocado. Es simplemente fascismo.

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