La eutanasia (II)

OPINIÓN

Miembros de la asociación Derecho a Morir Dignamente se concentran en la Puerta del Sol a favor de la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso
Miembros de la asociación Derecho a Morir Dignamente se concentran en la Puerta del Sol a favor de la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso EFE | Chema Moya

Sobre la legislación española aún en vacatio

09 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Escribimos en la primera parte que era llamativa la posición del Papado en el Siglo XIX y en unos años del XX, y ello por ser contraria al liberalismo y a los derechos humanos. Tal asunto, que está relacionado con la eutanasia, es complicado y está enterrado bajo tópicos pesados (I), que obliga a utilizar la pluma afilada, que no la bífida, y dejar la gruesa en el tintero. 

I.-  Durante casi ciento cincuenta años, por el espanto producido por las consecuencias de la Revolución francesa (1789), los Papas, los del siglo XIX (Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX y León XIII) y los del siglo XX (Pío X, Benedicto XV y Pío IX) hasta el Radiomensaje Benignitas et Humanitas de Pío XII, de 24 de diciembre de 1944, formularon una triple condena: de la democracia, de los derechos humanos y de la libertad de conciencia. ¡Qué curioso que un Papa tan conservador, como Pío XII, haya sido el primero en apreciar los valores morales de la democracia! Se debe añadir inmediatamente que tal giro y apreciación, a favor de la democracia, fue posible, porque a finales de la II Guerra Mundial, la única alternativa democrática al comunismo soviético era la democracia liberal. El Papa Pacelli, declarado anticomunista, hizo así de la necesidad una virtud. 

Después vendrían Juan XXIII y el Concilio (Declaración Dignitatis humanae). El Papa  Juan Pablo II, en la primera parte de su Pontificado, fue valedor de las democracias, pero más tarde, ya los años noventa del siglo XX y derribado el muro comunista de Berlín, en sus encíclicas, Centesimus annus (1991), Veritatis splendor (1993) y Evangelium Vitae (1995), protagonizó un frenazo y una marcha atrás, asociando, indisolublemente, al concepto de democracia el de la verdad (veritas): sólo sería democracia verdadera la que respetase la ley natural y no permitiese, por ejemplo, el aborto o la eutanasia