La eutanasia (III)

OPINIÓN

Miembros de la asociación Derecho a Morir Dignamente se concentran en la Puerta del Sol a favor de la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso
Miembros de la asociación Derecho a Morir Dignamente se concentran en la Puerta del Sol a favor de la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso EFE | Chema Moya

16 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

(Tercera y última parte)

Los muchos problemas, de infinita complejidad, que plantean el final de la vida y la eutanasia, exigirían, en estos tiempos delgados, un libro grueso. Recuerdo lo que una vez oí a Jean-Luc Marion, profesor de Metafísica de La Sorbonne, sucesor de Levinas y confidente del que fue arzobispo de París, el cardenal Lustiguer. De éste dijo Marion que se había negado a escribir libros, sólo admitiendo la publicación de sus sermones, tal como hizo Bossuet con sus oraciones fúnebres, pues escribir sermones -añadió Marion- era la manera de escritura de los Santos Padres de la Iglesia. Y si pronunciar sermones es competencia exclusiva de los ministros sagrados, con o sin mitra, difícil lo tiene, quien, como el que escribe aquí, es laico, sólo eso. Lo cual tal vez explique que, mientras unos, ministros, predican como Padres Santos, otros, laicos, ignoremos la techné de los sermones.

      I.- El texto aprobado por el Plenario de la Conferencia Episcopal española, llamado Declaración de instrucciones previas y voluntades anticipadas, también conocido como testamento vital (de 23.4.2021), que ya fue anunciado al aprobarse la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo (eutanasia), tiene un «modelo de documento a firmar», con rechazo de «la eutanasia o el suicidio médicamente asistido», que se dirige «a mi familia, al personal sanitario, a mi párroco o al capellán católico». Ese documento fue el último, siendo el penúltimo la llamada Declaración con motivo del Proyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la persona ante el Proceso final de la Vida; y ante un Proyecto de Ley, propuesto por el entonces Gobierno de Zapatero, conteniendo esta Declaración (de 22.6.2011), en un apéndice final, un modelo llamado de testamento vital, que se dirige «a mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario».

Parece adecuado que, en el documento último, de 23.4.2021, se empleen palabras precisas, tales como «instrucciones previas y voluntades anticipadas», y es que lo del llamado «testamento vital» da lugar a confusión, pues no es un testamento, ya que las disposiciones que contiene han de surtir efectos en vida del testador («en previsión de que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar»), no a su muerte, que es lo propio de los testamentos. Los caracteres de acto personalísimo y revocable de las «Instrucciones previas» no mutan lo que es asunto de vivos en asunto de muertos. Estamos ante mortem y no post mortem. La Ley estatal 41/2002, a la que nos referiremos inmediatamente, no emplea las palabras «testamento vital», que es cosa de las diarréicas legislaciones autonómicas. Y para la Ley de la Eutanasia, la 3/2021, por el contrario, vale todo: se escribe y repite en ella de «documento de instrucciones previas, testamento vital, voluntades anticipadas o documentos equivalentes legalmente reconocidos» (artículos 5.2 y 6.4).