Defensa (cautelar) del chiringuito

Fernando Ónega
fernando ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Alejandro Martínez Vélez

03 jul 2021 . Actualizado a las 10:18 h.

Ayer cometí un gravísimo error, tan grave que casi parece un pecado: en el programa de Televisión Española La cosas claras se me ocurrió no ser muy crítico con la Oficina del Español que Díaz Ayuso le puso a Toni Cantó en la consejería de Marta Rivera de la Cruz. Y, en vez de calificarlo como chiringuito, cosa que hace todo el mundo, me limité a decir que espero a ver qué sale de esa idea tan desconocida, que lo mismo surgen grandes cosas que la mayoría ni siquiera imaginamos. Me han puesto literalmente a parir.

Es evidente que Díaz Ayuso quiso compensar a Cantó por haber quedado descolgado -lo descolgó la Junta Electoral- de las listas de las últimas elecciones autonómicas. Es evidente que la fuga de Cantó de Ciudadanos sirvió para que Pablo Casado vea cumplido su objetivo de dejar sin militantes a Inés Arrimadas y eso se paga y con grandes precios en el mercado político. Pero quién sabe: desde que Ricardo de la Cierva calificó de «error, inmenso error» la llegada de Adolfo Suárez a la presidencia del Gobierno español, los verdaderos errores pueden estar en las calificaciones previas.

Pienso esto después de conocer la reacción de la ciudad de Salamanca: como si le hubiesen pisado el honor, se levantó a proclamar sus méritos para ser «capital del idioma español» y basó ese título en su historia universitaria y en los miles de extranjeros que acuden cada año a la capital del Tormes a aprender nuestro idioma. El español es, por tanto, una fuente de riqueza perfectamente medible en términos económicos. Y esos estudiosos del idioma que vienen de China, Estados Unidos o Japón no solo resuelven la economía de los hosteleros, sino de los libreros y de multitud de actividades literarias.