Casado con los dogmas

OPINIÓN

Rober Solsona | Europa Press

20 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Quien más quien menos necesita tener cierta sensación de control sobre su vida; saber que sus acciones tienen consecuencias, para bien y para mal. Y mientras avanzamos, con más o menos suerte, necesitamos referencias que nos den alguna orientación. Pero las personas diferimos en el valor que damos a las fuentes de información: hay quienes teniendo algunas creencias prefieren saber, y quienes teniendo algunos conocimientos se aferran a las creencias.

No pocas veces saberes y creencias entran en conflicto y, normalmente, las segundas quedan desmentidas por las primeras. Sabemos, por ejemplo, que hay creencias que sirven a un propósito de control social; mediante un corpus de dogmas y mandamientos cuyo propósito es el mantenimiento de un orden que, generalmente, privilegia a una minoría en detrimento de la mayoría. Un orden de dominación que se basa, por tanto, en la desigualdad y discrimina en base a prejuicios.

Podemos deducir que quienes tienden a las creencias son más susceptibles a la voluntaria sumisión a un sistema abusivo, hasta el punto de defenderlo con vehemencia fundamentalista en los casos extremos. Asumen los dogmas aun a costa de su propio perjuicio. Como decía Herbert Marcuse: «Desde siempre, desde la primera restauración prehistórica de la dominación que sigue a la primera rebelión, la represión desde afuera ha sido sostenida por la represión desde dentro. El individuo sin libertad introyecta a sus dominadores y sus mandamientos dentro de su propio aparato mental».