Ha dado en el clavo Leticia Dolera con su serie Vida perfecta. Lo hizo con su primera temporada y repite ahora con la segunda que acaba de arrancar en Movistar +. Nada que ver sus mujeres con los estereotipos triunfadores y estéticamente maravillosos. Por fin se habla en televisión de esas chicas de carne y hueso que se envuelven en el trasiego de la maternidad, de la amistad y del matrimonio con toda la verdad y el realismo. Dolera ha desempolvado todos los tabús de las madres ideales para contarnos que a veces el descoloque cuando se tiene un bebé en brazos es tan brutal que muchas se llenan de dudas, de desesperación y de angustia. Dolera habla abiertamente de la depresión posparto y enfrenta, con rigor, humor y delicadeza, la maternidad en solitario. Pero también se moja en mostrar la inclusión de aquellos que no cumplen el canon, de la gente que está apartada de la sociedad, y plantea abiertamente la dificultad de volver a tener relaciones sexuales después de ser madre. En Vida perfecta hay esa normalidad que nos hace imperfectas a todas y nos reconforta. Porque por fin una se expone a ver una serie de mujeres que se comen el tarro, que se desbordan y que se exponen sin maquillajes excesivos ni el preciosismo de otras ficciones que intentan reflejarnos. Leticia Dolera da en ese punto que nos agrupa y nos hace sonreír juntas. Las mujeres de verdad, por fin, están ahí.
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