Palabras de Feijoo (Segunda parte)

OPINIÓN

El presidente de la Xunta de Galicia y futuro líder del PP, Alberto Núñez Feijóo (c), se fotografía con simpatizantes al término del acto de la formación celebrado este jueves en el Teatro Campoamor de Oviedo
El presidente de la Xunta de Galicia y futuro líder del PP, Alberto Núñez Feijóo (c), se fotografía con simpatizantes al término del acto de la formación celebrado este jueves en el Teatro Campoamor de Oviedo J. L. Cereijido

20 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Núñez Feijoo será el nuevo presidente nacional del Partido Popular y, para llegar a la cumbre de un partido político, a cualquiera, no es menester saber mucho. De las ignorancias del presidente Sánchez contó cosas tremendas, en sede de Cortes, ese ahora jurista que es Albert Rivera, haciendo al anterior crujir los molares. ¡Oh magia de la Política que convierte en destacados juristas a políticos fracasados! Y de las sabidurías de un tal Casado, natural de Palencia, dicen que un Tribunal de Justicia sentenció que no hubo delitos en las ventajas docentes recibidas en una Universidad particular o privada, como el patio de una casa. 

Llegar a ser Abogado (del Estado) o Registrador (de la Propiedad) para «meterse» en Política fue frecuente en los lejanos tiempos de Franco y ahora no, gracias a Dios, pues es suficiente con cualquier minucia o menudencia de estudios o de ignorancia. Lo de Rajoy, otro gallego en la lista, fue excepción, tan dotado él. ¡Qué sería del Gobierno de España sin los gallegos, tantos! Gran tema, muy peligroso, el del saber y el del poder. Y si no hay que saber mucho, para ser presidente o secretario general de un partido político, hay que haber hablado mucho o escrito también mucho; ahora bien, teniendo en cuenta que escribir bien es difícil y muchos políticos escriben mal, bástales con acudir y pagar merced o renta a los que dicen llamarse «comunicólogos» para que escriban por ellos. En Madrid y aquí, llanuras del Aramo, hay especialistas sublimes.

Lo importante en Política no es el hacer, sino el parecer, y eso se consigue a base de mucho hablar y escribir, por sí o con la ayuda de otros, aunque sean mentiras y bullicio, tal como ya indicamos en la parte primera. Siempre se estudió que la política nació con la palabra y se llamó bárbaros a los que hablaban con otras palabras, no entendibles. E idiotas eran otros, los marginales. Y como escribiera Hannah Arendt, con siglos de retraso, la política nada tiene que ver con la verdad.