Entre Bits & Chips es el título de un blog que escribe un colega del periodismo tecnológico, Javier López Tazón. Y aunque el nombre se lo puso hace ya muchos años, no puede ser más acertado y pegado a la actualidad de una industria que se debate estos días entre las necesidades del big data y la incertidumbre creada por la crisis de los procesadores.
Google anunció ayer la puesta en marcha de su nueva región cloud en España, ubicada en Madrid. Básicamente, una región de datos es una infraestructura que permite ofrecer productos en la nube con una latencia más baja y la seguridad de que la información está alojada en territorio nacional. Lo primero es importante para que las empresas puedan dar un servicio más rápido y estable a sus clientes. Antes tenían que operar a través de otras regiones que tiene Google en Europa (Bélgica, Alemania, Países Bajos...), lo que implicaba unos tiempos de conexión de 20 milisegundos; ahora, esa misma conexión tardará menos de la mitad desde cualquier punto de la Península y, si se hace desde la capital, solo 1 milisegundo. Puede parecer irrisorio, pero es una diferencia enorme cuando se trabaja con herramientas como análisis avanzado, inteligencia artificial, machine learning o automatización de procesos.
Así que la región de Google es una ventaja para España, pero sobre todo para Madrid. Construida en colaboración con Telefónica, se supone que el Gobierno habrá bendecido la instalación, a pesar de su discurso en defensa de la «España vaciada». Bueno, no lo supongo, lo afirmo, porque en el acto de encendido estaba presente Carmen Artigas, secretaria de Estado de Digitalización. Pero hay vida más allá de Madrid y Barcelona. Amazon, por ejemplo, prevé abrir a finales de año su región cloud, con centros de datos en Huesca y dos pueblos de Zaragoza, Villanueva de Gállego y El Burgo de Ebro.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez anda también estos días a la caza de inversiones para fabricar microchips en España. Hace un par de meses contaba en esta columna cómo a nuestro país —bueno, a Barcelona, sede del Centro Nacional de Supercomputación— le había tocado la pedrea de Intel, que se va a gastar 80.000 millones en Europa. Ahora vamos a movilizar 12.250 millones para atraer a los fabricantes de obleas de silicio. Nosotros ponemos la pasta, ellos montan el negocio y alguien gana tiempo en la Moncloa.
Comentarios