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OPINIÓN

El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, hoy en la Delegación del Gobierno en Madrid.
El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, hoy en la Delegación del Gobierno en Madrid. Rodrigo Jiménez | Efe

22 sep 2022 . Actualizado a las 11:03 h.

El abogado Javier Ortega Smith, que parece ser que también es diputado, llevó el martes al Congreso la propuesta de su partido para despenalizar cosas como poder dispararle a un señor por pisarte los crisantemos del jardín. Vale, admito que la propuesta es algo más compleja, pero tampoco mucho más. El resto de grupos parlamentarios se ha opuesto, claro, y Vox se ha quedado solo en este asunto de convertir España en una película de justicieros de tercera, es decir, no de Charles Bronson, que sería de segunda, sino de Robert Ginty, el de las películas fascistas de serie Z.

Aunque las leyes españolas ya contemplan la legítima defensa, parece que a Vox le saben a poco. En realidad esto es una muestra más de la campaña política y mediática para lograr que la gente empiece a pensar en España como si esto fuera el Bronx de los años ochenta, como también lo son los anuncios de alarmas a todas horas para los domicilios, con esas conversaciones delirantes de un matrimonio sobre la inseguridad -a Pepito le han entrado en casa. Qué dices, ¿a nuestro Pepito?-  que podrían haber tenido lugar en el plató donde segundos antes dieron paso a la publicidad. Forma parte de la campaña también esa moda de construir edificios en cualquier ciudad en donde sus habitantes viven aislados tras los muros de la urbanización, que es un querer vivir en la ciudad pero sin la ciudad, que ahí fuera hay pobres y gente fea. Esos edificios con sus inútiles videocámaras y sus todavía más inútiles pegatinas donde se advierte de que algunos vecinos tienen una de esas alarmas de las que hablan las parejas en los spots publicitarios. Forman parte también de la campaña las diatribas sobre los okupas, casi todas ellas basadas en falsedades y manipulaciones y cuyo objetivo es lograr leyes que desamparen a los inquilinos, pues por si nadie se había dado cuenta, esto es un negocio, y en España el único negocio que cree entender la gente es el de la especulación inmobiliaria.

Las machadas sobre el uso de armas de fuego suelen presentarse en los medios como tristes historias en las que un octogenario ha tenido que defender su propiedad de un invasor con malas intenciones y la ley, esa que habla de proporcionalidad, que es lo que Vox se quiere cargar, quiere encerrarle, siendo como es un héroe español. Cuando rascas un poco resulta que el invasor huía ya cuando fue ejecutado por la espalda por un señor un poco piripi. La épica suele llevarse regular con la realidad:  te ves como Clint Eastwood, pero en realidad eres José Luis Torrente.