No son gigantes, señor

Juan Miguel Fernández 

OPINIÓN

Molino de energía eólica
Molino de energía eólica ALVITE

Si el forastero recorre el noroccidente de Asturias forzosamente se sorprenderá por el contraste del paisaje. Muy poco tiene que ver la rasa costera, salpicada de pueblos pesqueros, con el interior, montañoso, agrario y muy poco poblado. 

Adentrándose por cualquiera de las zigzagueantes y descarnadas carreteras al poco trecho te hallarás con cumbres que ejercen de barreras difíciles de franquear, y sobre ellas, ancladas y firmes, un sinfín de torres blancas que con rítmico compás mueven sus aspas. Es el futuro que no se detiene. 

La masiva instalación de aerogeneradores en la zona ha forzado recientemente una reacción en contra desde colectivos vecinales que denuncian ante las administraciones la proliferación incontrolada de estos llamados parques eólicos. 

Nunca es malo que los vecinos se unan, que exijan, que velen por su territorio. Lo que no tiene razón de ser es hacerlo sin más y oponerse a todo. Rechazar las energías limpias en la actualidad es un suicidio.  

La imagen que ofrecen La Bobia, el Estoupo o Remonta se ve dañada por los molinos, y mucho antes fue gravemente dañada por unos incendios provocados que derivaron en una erosión brutal, y como consecuencia de ello, dejaron unas cumbres pétreas y carentes de vida. 

Antes que los molinos, la zona fue invadida y cruzada por una red de tendidos eléctricos, que permanecen ofendiendo a la vista, que provocan incendios, que matan animales, pero que permiten que algo tan esencial como la luz esté al alcance de la mano. 

Antes también se construyeron embalses que modificaron el territorio, separaron familias y trastocaron para siempre los ríos. Las minas horadaron el suelo y ennegrecieron las aguas. Se sembró de eucaliptos hasta las tierras de labor. Se pescó sin cuartel en ríos y mares. Se hicieron muchas barbaridades. 

Antes, empujados por la escasez de posibilidades, la población abandonó sus casas y sus pueblos, se cogió la maleta y se buscó otro modus vivendi. 

Oponerse a una mina, a una urbanización, a la acuicultura o a un parque eólico ha de hacerse no desde los sentimientos sino con argumentos sólidos y científicos. Si se hacen las cosas con rigor, bajo normas fundamentadas se puede convivir con los aerogeneradores, las placas solares o con cualquier otra novedad que nos libre de la destrucción por la que caminamos. 

Lo bueno y deseable sería oír a quienes son expertos en la materia, que los hay, y estar en disposición de admitir lo que es erróneo y lo que es tolerable. Tampoco estaría mal oír a los regidores locales, muy cómodos con unos ingresos con los que jugar a sus caprichos. 

A todos nos gustaría abrir la ventana y contemplar una frondosa foresta que albergara una variada fauna, pero no se puede volver a la Prehistoria.