Cuando Jorge Javier arrancó Sálvame, allá por el 2009, tuvo la ingeniosa idea de calificar a sus colaboradores como «lo mejor de lo peor». Una frase que ha quedado para la historia televisiva y que, ahora, visto el nuevo arranque del programa de Sandra Barneda, que sustituye a Sálvame, cobra mucho sentido. No es fácil ese papel de tertuliano de corazón que en las sobremesas tiene que apostillar cuanto debate o polémica se abre con los personajes que nutren estos espacios. Pero está claro que la diferencia entre unos y otros es mucha. La audiencia se había acostumbrado al rebumbio de los colaboradores de Jorge Javier, que cada tarde llenaban horas y horas de televisión jugándosela a ser despiadados muchas veces, y divertidos, otras. En un mix que había convertido a Sálvame en una guerra de guerrillas entre todos los del programa: lloros, peleas, insultos, abrazos, bailes, disfraces... Pero de ahí hemos pasado a otro formato, mucho más clásico y hecho a la vieja usanza, en que todos los colaboradores, con orden, se van dando el turno en una sosez que es exactamente la misma en todos los programas de la tarde. Sin ninguna chicha. Con este deriva, el espacio de Sandra Barneda ha arrancado este verano con un ritmo tan chuchurrío que aburre a un santo. Los colaboradores son floreros en un show que no tiene nada de original. Parafraseando a Jorge Javier, han conseguido hacer lo peor de lo peor.
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