Galicia y Asturias, refugios climáticos

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

XOAN CARLOS GIL

30 jul 2023 . Actualizado a las 13:16 h.

Hace tiempo que se ve venir. A los expertos no les gusta que se hable de refugio climático en referencia a las zonas del norte de España donde las temperaturas se llevan mejor en verano. A Galicia y a Asturias les afecta la ebullición climática que empieza a vivir el planeta. La lacra de los incendios también nos sacude. Sucede que las olas de calor que arrasan en el centro, en el sur y en el este de la península, aquí se llevan de otra manera. Cada vez más gente elige como compañeros de vacaciones a los gallegos y a los asturianos. No hay aquel terror a viajar a Galicia o a Asturias en julio o en agosto y tener que refugiarse un día sí y otro de la lluvia.

No es así porque han cambiado las temperaturas. Galicia cada vez más es Galifornia. Es importante aclarar que existen muchas Galicias. En Ourense, el calor les deja tan exhaustos como en Madrid. El interior no tiene nada que ver con la costa. A Mariña y la costa son otro mundo dentro de las dos comunidades norteñas.

La Voz de Asturias publicó que el turismo se ha incrementado por visitantes que llegan de Madrid, Cataluña o el sur buscando la bonanza del termómetro. En la zona norte, para los que sufren el rigor de la canícula, se convierte en maravilla que se pueda dormir por las noches y que haya que bajar a cenar con una chaqueta sobre los hombros. Un privilegio que nos hace únicos. Los gallegos comentamos entre nosotros que mejor no contarlo mucho para que no se nos llene el refugio. Pero a la economía le sienta muy bien. Las administraciones gallega y asturiana deben hacer los deberes ante la evidencia de que el flujo de visitantes no dejará de crecer y que se necesita mejorar, y mucho, en las instalaciones y los medios para que la convivencia y el disfrute sean los adecuados.

En Galicia y en Asturias, por ejemplo, ofrecíamos desde siempre una gastronomía privilegiada con una calidad inolvidable. Ahora regalamos gratis una brisa única, curativa para quien viene de estar en las calles de Madrid al mediodía, para quien tiene que cruzar el asfalto que arde bajo el sol a paso rápido como si el sol a plomo le quemase. Aquí se puede respirar.

Encima es muy sencillo perderse en rincones donde no hay cobertura y el paraíso se multiplica al cuadrado. Naturaleza única para quien aprecia la soledad buscada, no la impuesta. Ser un solitario no es lo mismo que estar solo. En el norte, el bello y sabio verso de Antonio Gamoneda es muy cierto: «No pude resistir la perfección del silencio». El sanador silencio.

El día tiene 24 horas. En Galicia y en Asturias, todas se pueden aprovechar. No hay que cerrar puertas y ventanas después de comer y conectar a tope el aire acondicionado desde las dos hasta las seis de la tarde para sobrevivir. Lo mismo sucede por las noches. Se puede dormir a pierna suelta. La noche no es un horror en el que no pegas ni ojo. Y al día siguiente te levantas destrozado. No, aquí por la noche se descansa. Atención: hasta en ocasiones con una sabana por encima. O hasta una mantita. Que no se entere todo el mundo, pero les esperamos.