No hay juerga sin María

OPINIÓN

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09 sep 2023 . Actualizado a las 10:49 h.

El mejor legado de María Jiménez es que no dejaremos de bailarla porque es imposible no arrancarse cuando suena su voz desgarrada. Las que crecimos con Las Grecas como referente, cuando sonaban Los Chichos y Los Chunguitos de fondo, nos quedábamos mirando a la televisión abobadas cuando María Jiménez se movía encima del escenario. Su rumba era fuego. E igual que movimos la melena como la Carrá, imitamos una y otra vez los espasmos irrepetibles de la Jiménez. Su sensualidad, sus jadeos, su rubio, su voz rota. Ella resumió su arte con una frase que ha quedado para la historia: «Yo canto con el coño». Y es su mejor definición. De María aprendimos la rabia, el despecho, el coraje, la valentía y la pureza del corazón, por eso es imposible escuchar ese comienzo: «Todo lo que yo te haga/ antes tú ya me lo hiciste...» sin que te hierva la piel y el deseo de bailar. Ese himno, cantado en 1978, cuando todavía no había llegado el divorcio a España, nos caló muy dentro porque María siempre fue muy por delante. Fue la primera que cantó ese yo empoderado y decidido que jamás perdió: «Yo que soy tan guapa y artista, yo lo que me merezco es un príncipe y un dentista». Y se lo merecía porque tuvo una vida de perros. Pero resurgió con su furia y su alegría como las grandes inmortales. Denunció y nunca se calló: «Yo ahora no aguanto un grito, menos, una hostia». Gracias a María Jiménez, el mundo es hoy más amable, más humano y menos raro. No dejaremos de bailarla.