¿La tecnología cambia el cerebro?

Javier Cudeiro Mazaira CATEDRÁTICO DE FISIOLOGÍA, UDC. DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTIMULACIÓN CEREBRAL DE GALICIA

OPINIÓN

14 oct 2023 . Actualizado a las 12:48 h.

En 1909, E. M. Forster publicó un relato sobre un escenario futurista en el que una máquina lo controla todo, desde el suministro de alimentos hasta las tecnologías de la información. Una distopía que evoca internet y los medios digitales actuales. Cuando la máquina deja de funcionar, la sociedad se derrumba. La ciencia ficción se hermana con la realidad y plantea muchas cuestiones sobre el impacto de la tecnología sobre el cerebro humano. Una preocupación recogida por la OMS, que en el 2019 publicó unas directrices sobre el tiempo recomendable para que los niños utilizaran dispositivos digitales y anunció una ley que permite a las escuelas restringir el uso de teléfonos inteligentes. Medidas impulsadas tras conocer los datos que relacionan el uso intensivo de los medios digitales con problemas de memoria, depresión, ansiedad y alteraciones del sueño y con déficit en la comprensión de textos cuando se leen en medios electrónicos; la lectura de relatos complejos en un libro impreso conduce a un mejor recuerdo de la historia y de los detalles que la lectura del mismo texto en una pantalla.

Decimos los fisiólogos que la función hace al órgano. Por ejemplo, los músicos tienen más neuronas en la corteza cerebral asignadas a los dedos que utilizan para tocar el instrumento. Este cambio se debe a la plasticidad cerebral, es decir, a los cambios que acontecen continuamente para adaptarse al medio. Fenómenos similares se han descrito con el uso de teléfonos con pantalla táctil, cuyos usuarios tienen una sobrerrepresentación en la corteza cerebral de los dedos índices y pulgar, los más utilizados. También se ha visto que en sujetos adultos que habían jugado intensamente al juego de Pokémon cuando eran niños, las zonas de la corteza que se dedican a la visión tienen una distribución un tanto peculiar: ¡Pikachu ha dejado huella!

Está claro que el cerebro cambia según cómo lo utilizamos y la tecnología digital es una influencia diaria que actúa sobre ese cambio. Sobre sus efectos quedan en el aire preguntas relevantes: ¿La forma en que la tecnología ha cambiado el aprendizaje puede convertirse en una amenaza para la adquisición de conocimientos sólidos y el desarrollo del pensamiento creativo? ¿Por el contrario, las nuevas tecnologías ofrecerán el puente perfecto hacia formas cada vez más sofisticadas de cognición e imaginación, permitiéndonos explorar nuevas fronteras del conocimiento que por el momento ni siquiera podemos imaginar? ¿Desarrollaremos circuitos cerebrales completamente distintos?

El camino que nos lleva a poder juzgar y evaluar los efectos de los medios digitales sobre el bienestar humano se antoja largo y excitante; la neurociencia puede ser de enorme ayuda para distinguir los efectos causales de las meras correlaciones. Mientras tanto, parafraseemos al nobel Eric Kandel: cuando finalicen la lectura de este artículo su cerebro será distinto de aquel que comenzó a leer, la experiencia lo habrá cambiado. Tal es la potencia del aprendizaje: lean, luego cambien.