Wallapop, eBay, Milanuncios, Vinted... Hacienda se mete en nuestro trastero

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

VÍTOR MEJUTO

El trastero de mi casa tiene una capacidad limitada, así que hace ya tiempo que tomé una decisión salomónica: aquello que en dos años no se había movido de allí, iba al contenedor o a una plataforma de segunda mano (en el supuesto de que todavía estuviese en condiciones de ser aprovechado). No inventaba nada: millones de personas lo hacen en todo el mundo, porque no quieren acabar con síndrome de Diógenes y además están en su derecho de recuperar parte del dinero invertido en la compra de unos bienes a los que ya no dan uso. Internet multiplicó exponencialmente las posibilidades de éxito de estas transacciones con la aparición de plataformas como eBay, Milanuncios, Wallapop, Vinted y muchas otras. Ahora,, la entrada en vigor de la directiva europea conocida como DAC7 va a permitir a las autoridades fiscales de cada país miembro recabar información de los usuarios que realicen ventas de bienes o servicios, siempre que superen unos límites establecidos: 2.000 euros o treinta transacciones en el plazo de un año.

En principio, los particulares no tienen nada que temer, ya que tributación de las operaciones de compra-venta de segunda mano establece que solo se deben pagar impuestos cuando hay una ganancia patrimonial (diferencia entre el precio de compra y el de venta de un artículo). Nadie vende algo usado más caro que si fuera nuevo, aunque hay excepciones, como objetos de coleccionismo, joyas, bienes inmuebles o determinados vehículos, que pueden haber subido de precio. La medida va dirigida más contra los autónomos y empresas que hacen uso de estas plataformas como un canal de negocio más y para «prevenir el fraude y la evasión fiscal», según las autoridades de Bruselas.

Sin embargo, cuando se trata de Hacienda a la gente suele entrarle un ataque de pánico y la nueva normativa va a tener un efecto disuasorio: muchas personas no dejarán de vender, pero cerrarán los tratos fuera de internet (mediante el pago en mano u otros sistemas no fiscalizados), lo que a la postre significará un aumento de las posibilidades de engaño o estafa. Y todo, por meterse en nuestro trastero.