Es más fácil empezar que acabar (también con la Caja de Ahorros de Asturias)

OPINIÓN

25 feb 2024 . Actualizado a las 09:18 h.

I.- Paul Morand y sus Venises:

Paul Morand (1888-1976), artista en el manejo de las palabras y torpe en lo de las ideas políticas, escribió su obra, Venises (Venecias), publicada en 1971 y editada en España por Península en 1998, titulando la cuarta parte y final de la siguiente manera: Es más fácil empezar que acabar. Y las tres anteriores fueron: El palacio de los antiguos, El pabellón de cuarentena, y Morte in maschera.

En la primera parte aconsejó: «Sólo se vive una vez y debe ponerseen ello la máxima atención»; en la segunda señaló: «Las casas de Venecia son unos inmuebles con nostalgias de barco: de ahí sus plantas bajas, a menudo inundadas»; y en la tercera contó: «En la terraza del Florián, más atiborrada de plumas de paloma que un edredón, Churchill, con la caja de pinturas en bandolera, ponía sus dedos en forma de V, pero no interesaba a nadie: V, aquel día, sólo significaba Venecia».

Lo de que es más fácil empezar que acabar, puede ser verdad, aunque no siempre; pues a veces lo complicado es empezar y acabar es lo más fácil. Parece una frase hecha, de esas para quedar bien, como en faena taurina de pacotilla. Los finales, y vuelvo a ello, pueden «salir» de manera natural, perfectos, y los iniciales, de manera sobrenatural, terminan como a trompicones o con estreñimiento. En todo esto hay muchas originalidades y casi vale todo, y acabo de leer lo siguiente de Pascal Bruckner: «Yo sostengo que la derrota no es la muerte, sino la enfermedad».

Algunas veces el desastre está al principio y también al final, lo cual es frecuente en muchos libros que ahora se publican, siendo esa la causa por la que no acudo a las publicitarias presentaciones y de propaganda de libros, que es afición de ociosos y ociosas, de los parientes también, para gloria vana del autor o de la autora, con fotografía, al día siguiente, en periódicos o en periódicos de fotografías. Y lo de la Caja de Ahorros de Asturias lo dejaremos para el apartado quinto (V).

El humorista español Evaristo Acebedo Guerra escribió sobre vanidades en La Codorniz: «La vanidad se alimenta con un pan especial, que es el panegírico». También esto otro: «Tienes dos moscas en la calva», dice siempre la U sencilla a la Ü con diéresis. Con algunas frases, como la del encabezamiento, se facilita lo que Javier Marías dijo de la lengua española: «Que puedes decir una cosa queriendo decir la contraria». Lenguaje de ironía.

Parece que los carnavales terminan con el «Entierro de la Sardina», unas veces bien y otras mal, que se celebra el último día de la Fiesta, sin duda un ingenioso terminar que el aragonés Francisco de Goya pintó, aunque no se vea a la sardina, y sí a frailes, soldados, mozas y a otras fuerzas vivas, en trance divertido, hoy se pintaría en el jolgorio también a pantagruélicos presidentes de comunidades autónomas. En ese entierro, hay quien verá como sardina a la que fue Caja de Ahorros de Asturias, que, creyéndola azul, los rojos y los del progreso la engulleron con fame (en asturiano y no en inglés) y de la que escribiré más adelante: institución que ha terminado siendo muy goyesca para «descojone» de unos, negocio de otros y desvergüenzas de los restantes, hoy retirados, algunos, sólo algunos, en retretes, escondidos en chalets.

Los venecianos fueron gentes de pinceles para cuadros (un Tiepolo, un Canaletto) y de cuerdas (un Vivaldi), con o sin púas, para instrumentos de música, pero no excepcionales artistas de letras, primero sin plumas de ave y luego sin estilográficas. Es como si los venecianos se hubiesen preguntado: «Escribir ¿para qué?». Fueron los franceses, como Paul Morand, los que más excelencia en la escritura consiguieron, pues los alemanes, siempre con pulsiones a lo cafre, salvadas las excepciones de Mann y Goethe, a los gansos desplumados gustan asar en hornos, por Adviento, siendo plato de lujo, como fue en España en otrora el «pollo frito». Paul Morand fue un escritor minucioso, que vivió como aconsejó y que recordó al ruso, de la Venecia del Norte, Igor Stravinsky, del cual, en el año 2021, con ocasión del 50 aniversario de su muerte, se publicaron muchos libros, con detalles del entierro en góndola negra, buscando el cementerio entre aguas.

Paul Morand no contó haber estado, en 1956, en el megaconcierto, en la Basílica de San Marcos, de la obra del compositor ruso, Canticum sacrum, con autorización del entonces patriarca de Venecia, el cardenal Roncalli (futuro Juan XXIII). Paul Morand sí narró, por el contrario, que Proust llamó a Venecia «santuario de la religión de la Belleza» y que «los dos mercaderes cristianos que, en Alejandría de Egipto, robaron el cuerpo de San Marcos para traerlo a Venecia, decidieron, para alejar a los musulmanes, esconder la reliquia en un pellejo de cerdo salado». Y también contó que las aguas de los canales de Venecia son negras como la tinta negra o china, la de Chateaubriand o la de Proust.

II.- Venecia: il perfetto governo:

Siempre se consideró a Venecia como una ciudad mágica, en la que se produjo el sublime encuentro entre el arte y la cultura, llegando a una mítica excelencia política en el Cinquecento, tiempo en que la Ciudad- Estado fue imaginada como la del «perfecto gobierno» (perfetto governo). Se inició la decadencia angustiosa de la Serenísima, entregándose a todos los vicios políticos. Terminados los tiempos del mito, comenzaron los del antimito, reflejándose en escritos varios, caso del anónimo Discorso Aristocratico, probablemente escrito en el siglo XVII, impugnando en los años Seiscientos la perfección del Estado-mixto, con la presencia de las tres formas de gobierno: la monarquía personificada en la figura del Dogo, la aristocracia en el Senado y la «democracia» en el Consejo Mayor. Esa es la historia política de Venecia: la del mito y el antimito, categorías esenciales en el espacio y en el tiempo.

Y Venecia no tuvo un escritor político como lo fue Maquiavelo en la Ciudad de Florencia, el cual fustigó en sus escritos a la República Serenísima de Venecia por su carácter aristocrático, lejano del populismo tan de su gusto de la República romana, hasta el asesinato de Cesar. Y una belleza y cultura, la de Venecia, que refleja el poderío marítimo, pero que esconde el frecuente salvajismo del poder político, muy alejado de los modelos democráticos, que de perfecto gobierno tenía poco.

En 1797 la república de Venecia cae ante Napoleón, colocada primero bajo la dominación de Austria, y en 1866 se anexó al reino unificado de Italia.

III.- Carnaval y Batjin:

No sé si fue por azar o causalidad que el ruso Mijail M. Bajtin fuese educado en la Universidad de la Venecia del Norte, San Petersburgo. Fue el gran estudioso del Carnaval, también del italiano; primero en el Capítulo IV de su obra Problemática de la poética de Dostoievski, y más tarde en el libro titulado La obra de Rabelais y la cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Bajtin, lingüista y antropólogo, estudio la literatura, géneros cómicos y serios, y los folclores carnavalescos, con referencia expresa a la obra de Rabelais, recordando lo dicho y escrito por el francés, para satisfacción y explicación de los bien dotados de narices: «Las tetas duras de las nodrizas hacen a los niños chatos al mamar entre tetas inmensas».

Y escribió: «En el carnaval se establece, en una forma sensorialmente concreta y vivida entre realidad y juego, un nuevo modo de relaciones entre toda la gente, el cual se opone a las relaciones jerárquicas y predominantes de la vida cotidiana». ¡Qué lejos están los Carnavales de ahora de eso que explicó Batjin!

IV.- Los Narcisos que nos gobiernan o desgobiernan y Álvarez Areces:

Y Paul Morand se preguntó: ¿Dónde puede Narciso contemplarse mejor que en Venecia? Y añadió: «Wagner, en el café Quadri (enfrente de il Caffé Florian), escuchando su propia música…».

Lo de los narcisos venecianos, trae el recuerdo a Marie-France Hirigoyen, psiquiatra y psicoanalista, que «saltó a la fama», en 1998, con el libro El acoso moral. Lo del «Salto a la Fama», en Asturias se llamó «Rumbo a la Gloria», asunto de la locutora de La Voz del Movimiento, la de Falange, Menchu Álvarez del Valle, en el Teatro Principado de Oviedo, las mañanas de los domingos. Hirigoyen concluyó que, en el tema del acoso moral, toda la sociedad está concernida desde que se trata de una cuestión de poder: «desprovistos los acosadores de escrúpulos, calculadores, manipuladores, para los que el fin justifica los medios».

Mas tarde, en España, en 2020, editado por Paidós, se publica Los Narcisos han tomado el poder, que comienza con una introducción, titulada «Los Narcisos al poder»: «En un mundo cada vez más complejo y competitivo, tanto en la política como en los negocios y en la comunicación, los Narcisos llevan hoy la voz cantante». Distingue la autora francesa entre un narcisismo sano y otro patológico, antes de señalar que «la dimensión más visible de su narcisismo es la arrogancia. Una altísima opinión acerca de uno mismo, un egocentrismo excepcional y de una absoluta falta de vergüenza».

Y termina con unas conclusiones que titula: «Acabar con las patologías del narcisismo», en el que señala, con optimismo, que empieza a atisbarse una toma de conciencia de los efectos nefastos de la narcisización de nuestra sociedad. Y entre un comienzo y unas conclusiones, capítulos tan interesantes como «Las raíces del narcisismo patológico» o «La importancia de la imagen como espejo de uno mismo». Un libro, Los Narcisos han tomado el poder, de lectura recomendable.

La Política es una actividad en la que el narcisismo es esencial; es una especie de tercer género entre el narcisismo sano, que es aquél que permite o facilita tener una confianza o seguridad, y el narcisismo patológico, que consiste en tener confianza en uno mismo a expensas de los otros. ¡Cómo no va a haber narcisismo cuando un político repite, con engolamiento, que él es muy superior a sus oponentes, casi piltrafas! Y tal arrogancia se considera normal, siendo en esencia una total anormalidad. A estas alturas, ya hay análisis fidedignos, desde la Medicina y Psiquiatría sobre las patologías mentales o trastornos de ciertos políticos, que, necesariamente, se han de acostumbrar para que los insultos les sean indoloros. Y lo de la hybris trágica es bobada.

Y todos los políticos que he conocido, afortunadamente no muchos, he visto con el padecimiento narcisista, que puede ir de lo más leve a lo muy grave, ya de extremo peligro si se les lleva la contraria. Uno de los personajes políticos a los que llevé la contraria, no en lo de la Caja, sino en lo del Sporting, años antes, fue a Álvarez Areces, recordado y muy apreciado, desaparecido muy pronto; primero alcalde de Gijón y luego presidente del Principado de Asturias. Puesto a llevar la contraria, ahora la llevo al marxista y judío Ernst Bloch por haber escrito: «La fama buena o mala queda en el recuerdo de algunos supervivientes, pero permanece poco tiempo». Y el recuerdo a Álvarez Areces me vino por los artículos escritos por un periodista.

V.- Informaciones de un periodista sobre la Caja de Ahorros de Asturias:

Una información, de fecha 17 de marzo de 2000, se tituló: «El gobierno socialista de Asturias destituye al presidente de Cajastur». Y lo escribió Javier Cuartas. Otra información, del mismo autor, se publicó en El País el 14 de julio del año 2000, titulado: «El PSOE coloca en la presidencia de Cajastur a un rival de Álvarez Areces». Por cierto, que el mismo autor, el 3 de junio de 2023, tituló: «El cese de Manuel Menéndez abre incógnitas sobre la sede asturiana de Unicaja y las empresas participadas».

Vayamos ahora con la primera, sólo con la primera:

Comienza escribiendo que la destitución del presidente de Cajastur partió de un enfrentamiento que se agudizó en 1995, cuando Menéndez accedió a la presidencia de Cajastur, siendo Álvarez Areces, en cuanto alcalde de Gijón, vicepresidente del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Asturias.

De ello resulta:

a.- Que Menéndez fue presidente de Cajastur desde 1995. Eso es interesante, pues en connivencia incluso con la Junta del Principado (caso de la Ley del Principado de Asturias 2/2000, de 23 de junio, de Cajas de Ahorro), las diferentes reformas sobre la Caja pusieron a cero el marcador para la permanencia de Menéndez, saltándose la necesaria temporalidad, por exigencia democrática, en el cargo de presidente del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Asturias.

O sea que la misma persona, una misma, «pilota» la crisis financiera de la Caja de Ahorros DESDE 1995 y la crisis de 2008; se constituye Liberbank en 2011 y luego en 2014 se crea la fundación bancaria Cajastur; firma en 2021 la escritura por la que Unicaja Banco absorbió a Liberbank y así hasta que en 2023 fue destituido esa misma persona, Menéndez, del cargo de Consejero-Delegado de Unicaja-Banco. Paul Morad, ahora, tendría razón: «Es más fácil empezar que acabar» ¡A que sí, Menéndez, ahora ya en el inicio del acabose!

b.- Que, por exigencia del Partido Socialista, ya veremos cómo, vuelve Menéndez a la Presidencia del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Asturias, dejando sin efecto la decisión del Gobierno de Álvarez Areces. Una decisión, la de Álvarez Areces, que ahora, visto lo ocurrido, pareció muy adecuada, acaso intuyendo lo que otros socialistas no quisieron o no les dejaron ver: el fallecido Martínez Noval, con interesantes derivaciones familiares en la Universidad, Javier Fernández, expresidente del Principado de Asturias, Juan Cofiño, actual presidente de la Junta del Principado de Asturias, José Ángel Fernández Villa y sus particulares intereses y parentelas, y otros.

c.- Que hasta la Ley de Cajas de Ahorros del año 2000, el Ayuntamiento de Gijón tuvo un gran peso en la Caja de Ahorros, siendo su alcalde el vicepresidente de la entidad financiera y así hasta que por la Ley 2/2000 ese «peso» desapareció. Hasta el año 2000, el poder en la Caja de Ahorros estuvo en Oviedo y en Gijón, denominadas incluso las respectivas oficinas, Oficinas Principales, en La Escandalera y la Plaza del Carmen.

VI.- Continuará en la siguiente, 3ª Parte, pues la procesión de «El entierro de la Sardina» no ha hecho más que comenzar, con músicas de carracas, anunciadoras de la Cuaresma, para después de los carnavales.