Tocar y moverse

Yolanda Vázquez

OPINIÓN

Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo
Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo

Geneva Camerata, la orquesta suiza que cerró el lunes el Festival de Danza de Oviedo, ofreció un concierto andado, más que bailado, con un bailarín inmiscuyéndose entre los músicos

06 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Si algo tiene verdadero mérito y puede resultar, incluso, extraordinario en un concierto, representación escénica o actuación, es hacer de lo que no es habitual algo normal, sorprendente y, si me apuran, virtuoso por la dificultad que entraña. Los 32 músicos que componen la orquesta Geneva Camerata tocaron ese techo, nunca mejor dicho, al iniciar la segunda parte del programa que el pasado lunes, 3 de junio, ofrecieron en el teatro Campoamor, en lo que fue la despedida del Festival de Danza de este año. Llegaron a Oviedo para ofrecer Dance of the Sun. Completamente a oscuras y diseminados por el pasillo del patio de butacas, salvo la percusión, los chelos y los contrabajos, arrancaron la Sinfonía nº 40 de Mozart. Y ahí, y así, a ciegas, tocaron durante varios minutos la excelsa música del de Salzburgo sin que el público pudiera ver a los intérpretes, ni estos al público o al director, o tener referencia alguna que pudiera atisbarse. 

Sonó especial, así, la Gran sinfonía en sol menor: oscuridad y notas; y distinta, también, al ser interpretada por una orquesta de cámara y no por una sinfónica, que es a lo que nos tienen acostumbrados los conciertos y las grabaciones de este tiempo. A todo eso, en su conjunto, se le llama dominio, seguridad, maestría. Y más teniendo en cuenta cómo de intenso y energético es el primer movimiento de la obra. Fue un momento para recordar. Extraño y, quizá por eso, inolvidable. Pero en Dance of the Sun, danza lo que se dice danza, la verdad es que no hay. Lo que sí hay son una serie de evoluciones y desarrollos hilados, engarzados sin argumento, a tenor de las partituras del programa, donde el conjunto de la orquesta se convierte, mientras toca, en un elenco paseante, alter ego en ocasiones (no en todas), de Martí Corbera, el bailarín que se inmiscuye y entromete entre ellos, y que lo que bailó fue más bien una dramatización de la música, muy al estilo de lo que ahora se hace, sin pauta alguna, y con la marca de la improvisación libre, que a veces da mucho y a veces nada. Y todo ello para abocar a un final en el que, izado por los músicos después de mucho caminar, se cimbrea lechoso y acostado a semejanza de un Jesucristo -que físicamente da muy bien, todo hay que decirlo-, algo que no se sabe muy bien a qué viene. Un concierto coreografiado o una coreografía musicada es otra cosa: lo que se vio justo este mismo marzo en el festival

Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo
Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo

Sí merece destacarse el «momento zapato», el único apunte, digamos, dialéctico, por teatral, de la representación y que anilla bastante bien con el sentido de la obra. El bailarín, que se pasa el concierto descalzo, al final de la primera parte, y a los sones de la suite Le Bourgeois Gentilhomme de Lully, va recogiendo, mientras salta, el regalo que el grupo de músicos le hace. Con aprecio por la destreza, y casi como sin querer (esto es de lo mejor) los integrantes de Geneva Camerata se van descalzando para dejar huérfanos sus zapatos, esos pies andados sin huellas de carne, a la única persona en el escenario que no toca ningún instrumento. 

Y también merece la pena entresacar la gallardía del humor suave que se gastan algunos miembros de la orquesta, que moviéndose se postularon, sobre todo en esta pieza tan genuinamente barroca, para figurar tocando la cortesía del saludo, la reverencia, el ademán, la floritura, en fin, esas cosas tan en el fondo unidas a la imagen, esencia y estereotipo de la corte, el barroco y la música clásica. Ese fluido amanerado y ritualista que, a lo que se ve, sigue enganchando, y que no en vano la obra evidencia, por tratarse, entre otras cosas, de una comedia-ballet; un poco lo opuesto a la ópera-ballet, aunque los dos géneros incidan en lo mismo: mezclar música y danza con sentido dramático. 

Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo
Geneva Camerata en el Festival de Danza de Oviedo

Pero estructura narrativa no hay de ningún tipo, y no es que tenga que haberla, sino que no hay evidencia alguna de que eso sea lo que se persigue. Es más bien el desarrollo de la habilidad y la agilidad para moverse de unos músicos muy preparados como músicos, que mientras tocan son capaces de desplegar en un escenario un paseo a ritmo hacia delante y hacia atrás, sentarse o agacharse, hacer filas o formaciones varias, acostarse; eso sí, teniendo todos siempre presentes sus referencias en el punto de mira (director, primer violín). La pauta de desenvolvimiento de esos desarrollos viene marcada imperturbablemente por la evolución de la propia partitura, que es en el fondo la que ordena el despliegue de esa serie de paseos en alternancia e intensidad, según corran (y se agrupen en periodos musicales) las notas. Y eso es lo que, dejándose llevar con mucha sencillez (no cabe otra), agrupa el coreógrafo vasco Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola insertando un bailarín en escena que a veces parece más un acompañamiento que otra cosa. Es una modulación al paso que señala la música, pero no una coreografía propiamente dicha: la recreación de la música por parte de los músicos mientras andan. Y lo de interdisciplinar, tal como reza el programa, pues no sé. Interdisciplinar es más bien otra cosa: lo que se vio en esta misma cita con la danza el año pasado, sin ir más lejos, y que dejó con la boca abierta a más de uno: la versión de Akram Khan de El libro de la Selva. Menuda obra. 

De Garaio Esnaola, responsable de los movimientos de este Dance of the Sun, es buen coreógrafo, y ha trabajado muy intensamente y durante largo tiempo con nombres tan importantes y reconocidos en danza contemporánea como la alemana Shasa Waltz. Si el aficionado a la danza esperaba encontrar danza, no sé con qué impresión saldría. 

Ficha artística

Dance of the Sun

Coreografía: Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola 

Bailarín: Martí Corbera 

Música: 

Rise (Obra de encargo de Geneva Camerata). Barblina Meierhans (1981) 

Le Bourgeois Gentilhomme. Jean-Baptiste Lully (1632-1687) 

Sinfonía nº 40 en sol menor. Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Dirección: David Greilsammer

Violines: Sara Meloni (concertino), Cécile Dorchene, Timoti Fregni, Albane Genat, Jonathan Keren, Emilija Kortus, Yumi Onda, Stephanie Park, Dorothée Nodé-Langlois y Lorena Padrón Ortiz 

Violas: Avishai Chameides, Caroline Donin, Patrizia Messana y Paula Pérez Romero 

Violonchelos: Céline Barricault, Ira Givol y Bernadette Kobele 

Contrabajos: Youen Cadiou y Julie Stalder 

Flautas: Roy Amotz y Ory Schneor

Oboes: Olivier Rousset y Sergio Simón Álvarez 

Clarinetes: Nicolas Fargeix y Mathieu Steffanus 

Fagots: Povilas Bingelis y Fabio Gianolla 

Trompas: Merav Goldman y Clément Guignard 

Trombones: Ronan Yvin 

Percusión: Damien Darioli 

Clave: Justine Charlet

Web: https://www.genevacamerata.com/en

Teatro Campoamor, 3 de junio, a las 20:00 horas. Duración aproximada: 85 minutos. Sexto título del Festival de Danza de Oviedo de 2024. 

Yolanda Vázquez es periodista, especialista en danza.