No hace demasiado tiempo, salir a pasear por Oviedo, cualquier tarde de julio o de agosto, significaba encontrarse con calles vacías y sin vida o, a lo sumo, con algún turista despistado. Desde nuestra llegada al Ayuntamiento, en 2019, esa imagen de ciudad vacía y desaprovechada durante la época estival ha desaparecido.
Es por todos bien conocido el esfuerzo que, este equipo de Gobierno, ha realizado (y lo sigue haciendo) en materia turística. Las cifras hablan por sí solas. El posicionamiento de Oviedo como uno de los destinos más visitados del norte de España es indiscutible. Y el crecimiento de nuestra ciudad, en prácticamente todos los indicadores del sector, es innegable.
Pero no son solo esos datos los culpables de que la imagen de Oviedo durante los meses de verano se haya transformado por completo. Lo cierto es que la apuesta por una programación cultural variada y atractiva, también en julio y en agosto, lo ha cambiado todo.
El compromiso municipal con la cultura, en cualquier época del año, ha pasado a ocupar un papel predominante, y se ha hecho especial hincapié en llenar los meses estivales de actividades vibrantes que agradan y atraen, por igual, a vecinos y turistas.
Por citar solo algunas:
- El Festival VESU, que se ha convertido en un clásico del verano ovetense, con su apuesta por la música emergente y por las disciplinas artísticas alternativas. Y que es, además, un buen ejemplo de esa colaboración institucional que tanto defiendo y por la que tanto trabajo, pues el Festival se desarrolla conjuntamente con el municipio vecino de Ribera de Arriba.
- El ciclo «Cine a la luz de la luna», que acerca el séptimo arte a los barrios y a la zona rural de Oviedo con proyecciones gratuitas que cuelgan, noche tras noche, el cartel de completo.
- O, entre otras muchas, la Fiesta del Primer Peregrino que, a mediados de julio, rinde homenaje a Alfonso II ‘El Casto’ con recreaciones históricas, juegos, conciertos y visitas guiadas, y que se ha convertido en uno de los grandes éxitos del verano ovetense.
He querido destacar estas tres de las principales actividades de la intensa programación estival por no extenderme demasiado, pero no me olvido de los conciertos, del teatro o de la danza, que también tendrán presencia estos próximos meses. Ni de las muchas iniciativas culturales que se van a llevar a cabo en colaboración con otras instituciones, como el Museo Arqueológico o el Bellas Artes.
Por supuesto, no puedo dejar de mencionar San Mateo: nuestras grandes fiestas que, en la recta final del verano, llenan la ciudad de alegría y jolgorio, pero también de mucha cultura. En Oviedo, septiembre es sinónimo de multitudinarios conciertos, teatro y pequeños recitales que se solapan, además, con el arranque de la temporada de Ópera. En definitiva, estoy convencido de que la programación cultural de este verano, ya consolidada por el público y por la crítica en años anteriores, nos permitirá dar un paso más hacia ese sueño por el que tanto estamos peleando: ser la Capital Europea de la Cultura en 2031.
Soy consciente de que aún queda mucho trabajo por delante, y de que son varios los desafíos que todavía tenemos que abordar para cambiar definitivamente nuestra esencia cultural sin perder, eso sí, ni un ápice de nuestra tradición y de los valores que, hasta ahora, nos han hecho fuertes. Pero sí que creo, no obstante, que estamos apostando por los elementos adecuados para fortalecer nuestra candidatura y que, concretamente, la programación estival tendrá un impacto muy positivo en ella.
El objetivo de tanto trabajo y de tanta dedicación es, lógicamente, alcanzar ese ansiado título, cuya repercusión para nuestra ciudad, y por extensión para toda Asturias, sería un hito sin precedentes en materia cultural. Ahora bien, de no conseguirse, el enorme esfuerzo realizado no caerá en saco roto. Sé que todo lo que hagamos ahora influirá notablemente en el futuro que queremos construir para Oviedo.
De este gran proyecto, sea cual sea el resultado, saldrá una política cultural diversa, original y diferenciadora, participativa y cohesionada con las distintas instituciones y actores culturales de la región, atrevida y tradicional, sin miedo a los nuevos géneros y fiel a los clásicos que tanto le han dado, y le siguen dando, a nuestra ciudad. En definitiva, una cultura vibrante y reconocida en toda Europa. No tengo ninguna duda de que así será.