El presidente Trump declaró en el Congreso que los aranceles tienen como objetivo hacer que Estados Unidos vuelva a ser rico y grande, para continuar diciendo habrá pequeñas perturbaciones, pero no nos importan, no serán muchas. Pero, ¿qué son los aranceles y qué deberíamos saber de ellos?
1. Son barreras a los flujos de intercambios entre países; esto es, el importador paga lo que viene a resultar un impuesto que se aplica a los bienes que cruzan las fronteras.
2. Aunque el importador pague, es preciso conocer quién soporta el coste final. La cuestión es compleja porque el efecto directo y más rápido es que el coste añadido se traslade a la cadena de suministro y es posible, además, que continúe deslizándose hasta el comprador. En suma, a quien perjudica es a la sociedad en su conjunto, beneficiándose un grupo reducido de actores.
3. Los aranceles no resuelven la incontinencia fiscal, o sea, su excesivo endeudamiento, de aquellos países que la poseen; a pesar de que los aranceles impuestos supongan ingresos para el Tesoro del país que los aplique.
4. En la medida que la importación de bienes representa un porcentaje notable del PIB, es probable que un aumento de las tasas arancelarias (por ejemplo, de 10 puntos porcentuales) genere un incremento de los precios al consumidor (probablemente en un 1%).
5. Dicho aumento de los precios es diferente de la inflación. Aunque no cabe duda que, con la aplicación de aranceles, el país que los imponga acelera los riesgos de una elevación de los precios, alimentando la inflación.
6. Los efectos perjudiciales de los aranceles sobre la capacidad de oferta ejercen una presión al alza sobre los tipos de interés. Es decir, alientan un endurecimiento de la política monetaria que contribuye a reducir las inversiones e incrementar la preocupación sobre los ingresos, haciendo que dichas expectativas generen mayores dosis de incertidumbre.
7. Normalmente, no parece que los aranceles vayan a reducir el déficit comercial. En el caso norteamericano porque consume más de lo que produce.
8. La aplicación de aranceles no resulta muy popular en las sociedades donde se aplican, debido al aumento de los precios y a los obstáculos a la compra de bienes importados.
9. La mayor parte de los estudios que analizan los impactos arancelarios subrayan que existe una elevada posibilidad de arrastrar a la economía proponente hacia una ralentización económica, debido a la acción combinativa de las distintas acciones y políticas económicas, provocando distorsiones de distinta índole.
Parece ser que los aranceles van a constituir una parte intrínseca de la política estadounidense; obedeciendo a criterios de política exterior e interior, y convirtiéndose en baza negociadora y electoral para un futuro próximo. Su implementación se inscribe en tres dinámicas complementarias: a) lograr extraer concesiones políticas a los países más débiles y dependientes de EE.UU.; b) conseguir equilibrar la balanza comercial, al entender el propio Gobierno americano que su déficit es interpretado como subvenciones al resto del mundo, y así poder favorecer la relocalización industrial y crear empleo en EE.UU.; y c) contribuir a generar ingresos. En ese sentido, Trump mantiene el dicho de que «los extranjeros deben pagar nuestros impuestos y nuestra deuda». La insistencia de Trump en mantener su promesa electoral de bajar impuestos le obliga a mantener la deuda bajo control, reducir el gasto público y aumentar la generación de ingresos arancelarios. En suma, EE.UU. confía en el proteccionismo como vía para impulsar su industrialización; para aumentar sus ingresos tributarios, que le permitan rebajar su carga fiscal a las empresas y hogares; y para usarlo como mecanismo transaccional para alcanzar sus objetivos geopolíticos y estratégicos.
La desconfiguración del orden mundial ya está aquí. Las apuestas por un proteccionismo comercial de forma caótica y desorganizada van a poner a prueba las políticas económicas y comerciales de los países. En tanto que hacer efectiva la imposición de aranceles del 25 % a todas las importaciones de bienes, significa el comienzo de los primeros compases de una guerra comercial global.
Olivier Blanchard (ex economista jefe del FMI) afirma que la situación actual se caracteriza por un cambio en las reglas internacionales del juego, en la medida que «cuando se firma un tratado con él [Trump] no se tiene ni idea de si lo va a cumplir o no». Es decir, entramos en un mundo que va a ser la ley de la selva; o, lo que es lo mismo, en un mundo con guerras comerciales sin reglas. De ahí que se insista en que la imposición de aranceles genera una pérdida para todas las partes, generando brechas, fracturas, economías fragmentadas y donde las tensiones provocan shocks en el sistema híper-globalizado, donde la seguridad y la defensa se han convertido en objetivos prioritarios y en donde el comercio internacional se desinfla.
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